A veces vuelvo

aNo me podía dormir. Mi hija se durmió hace un rato. Me puse a pensar en un montón de cosas que me vienen pasando en todos los niveles posibles y cómo poder solucionarlas o encausarlas. Tratar de hablar con quienes corresponden. Tomar otros caminos según se formen las curvas.

A mi hija le cuesta dormir de noche. O, mejor dicho, le cuesta seguir una rutina. O no. La cuestión es que, muy pero muy pocas veces, cuento con la dicha que se duerma antes de las doce. Si lo hace por dos o tres días seguidos sólo basta una sola noche en la que se pase de sueño para comenzar el ciclo desde cero. Me cansa pero sólo me queda tener paciencia.

Entonces, a veces, me doy cuenta que hay cosas que yo le marco como “errores” a ella y yo vivo haciéndolas.

Yo le digo que tiene que ser independiente. Que no necesita de mi para hacer todo, inclusive jugar. Si vamos a la plaza no juega con los niños, juega conmigo. Yo vivo llamando a mi madre para todo. Siempre necesito comentarle todo, encontrar su compañía. Tenerla cerca.

Desde la panza lleva la costumbre de tener la mano en la boca. Una tarde, en una de las últimas ecografías, el obstetra trato de todas las maneras lograr que se moviera para poder confirmar el sexo. No hubo caso, cuando miramos una pantalla grande que tenía en la punta de la camilla me dice: “¿Qué se iba a mover? ¡Mirá!” Y entonces pude divisar su rostro de una manera perfecta. Totalmente dormida… con la mano en la boca. Adivinen si yo me llevo la mano a la boca sin darme cuenta.

Cuando la reto o no la dejo hacer algo corre a llamar a mi madre. Siempre. Cuando estamos solas lo primero que le sale es: ¡Abuela! Y en este punto fue que, recordé mi infancia. Recordé mis abuelos, sus mimos, sus consentimientos. Mis abuelos vivían al lado de mi casa. Corría a sus brazos cuando me mandaba alguna.

Cerré los ojos. Pude divisarlos de manera perfecta. Recordé cuántos los extraño. Me largué a llorar y me puse a escribir.

QUERIDOS NONOS

2

A veces me pregunto como ha sido mi vida con ustedes. Guardo en mi mente recuerdos, algunos confusos otros clarísimos como si en realidad hubiesen pasado ayer. Fue tan corto el tiempo que la vida me permitió tenerlos conmigo que todavía no puedo entender y en realidad entiendo que así es el destino.

Calculo que debido al amor que les tengo habrán hecho bien las cosas. Sembraron en mi tan pero tan bien el amor que me dieron para que los lleve conmigo siempre y a cada instante. No puedo recordar sus voces pero puedo recordar que vos Nona me enseñaste a hacer el único punto que se en dos agujas, el Santa Clara. Y tampoco puedo recordar tu voz Nono pero me parece verte en tu cocina preparando la sopa de todos los días, cortando verduras con ese cuchillo picador en forma de luna.

No hay cumpleaños que no piense “si me verían ahora, tan grande” y en realidad están siempre conmigo. Lo mismo con Sophie, si la vieran sentada en esa sillita que ustedes nos hicieron sentar a nosotros cuando éramos así de pequeños y en realidad se que están ahí con ella, como estuvieron el día que me convertí en tía, tu primer nieto en padre. Ese instante en que nos dijeron que Joaquín había nacido tuve la sensación de tenerlos felices con nosotros, a veces me parece que ese día volví a ver sus sonrisas.

A mi me duele en el alma cuando a algún conocido se les van los abuelos, no tengo palabras. Porque ustedes se me fueron de pequeña y yo no puedo dejar de extrañarlos un instante. Hay ratos en que los extraño demasiado, como ahora. Que me pongo a pensar que si me darían un instante para volver al pasado volvería a mi niñez para abrazarlos fuerte, para decirle que los amo, para poder retener su voz y recordarla para siempre.

En este momento me duele tanto el corazón que no puedo seguir escribiendo porque las lágrimas me nublan la vista, daría lo que fuera por jugar aunque sea un ratito más Nona con la piel de tus brazos, esa que les cuelga a las mujeres cuando la gravedad hace lo suyo con los años.  Daría lo que fuera Nono porque nos lleves una vez más a buscar nueces en el nogal frente de casa. Y suponer que ahora nos desesperamos tanto por guardar en la inmortalidad cada recuerdo con nuestros celulares y yo llevo esos instantes en mi mente como la mejor captura que pudieron hacer mis sentimientos.

Sepan que voy a seguir brindando con ustedes como lo hago en cada cumpleaños, cada navidad y cada año nuevo. Los amo con toda el alma, con todas las fuerzas de mi corazón.

C.