MI PARTO RESPETADO

Sin título

No si saben… seguro que si… esta semana es la Semana del Parto Respetado. Pensé hacer muchas cosas a través del blog pero no fue mi semana más tranquila, y bueno, quedara para más adelante.
Desde la primera clase de curso preparto las parteras y las residentes hicieron especial hincapié en el parto respetado. Cosa que hasta ese momento yo no tenía idea de que estaban hablando ni de cuan importante era.
Nos contaban a todas las chicas que estabamos presentes la importancia para nosotras y para ellas en llevarlo a cabo. Nos explicaban que en el Hospital de Escobar (lugar donde yo tuve a S.) trabajan codo a codo con Unicef para que todo esto pueda ser posible. Una podía llegar a imaginarlo pero no te das cuenta lo importante que es hasta que no lo vivís. Al menos eso es lo que yo siento.
Nos explicaban que en un parto respetado la madre decide posiciones para parir, como, de que manera.
El día que yo me interné llegué, me dijeron que ya tenía cinco de dilatación así que debía quedarme obviamente. Me pidieron que me cambie y de ahí en más que busque la manera más cómoda para pasar el proceso. Carla, la residente que estuvo conmigo todo el tiempo acompañándome me dijo “bueno Car si queres podes caminar, te podes acostar, fijate en que posición te sentís más cómoda”. Yo preferí la posición parada, agarrada del pie de la cama apretándolo con fuerza cada vez que venía la contracción. Siempre que sentí que no podía ella estaba ahí para decirme que si iba a poder hacerlo, iba a poder parir y que iba a estar todo bien. Cada vez que me veía que respiraba mal debido a los nervios se acercaba para relajarme.
En los cursos nos habían hablado del banquito de parto, de la silla de parto. Nos habían dicho que pensemos de que manera, en que posición queríamos recibir a nuestro hijo.
Yo particularmente no lo pensé, cuando fue el momento Carla me tomo del brazo y despacito las dos fuimos caminando hasta la sala de parto que estaba cerquita pero en ese momento te parece que esta a kilómetros. Cuando llegamos me pidieron que me suba al sillón de parto, no hablamos de banquito, de nada. Igualmente yo no lo había pensado y no me molesto tampoco que no me lo preguntaran. Me sentí cómoda y segura.
La bolsa la tuve intacta hasta el momento de parir, de hecho debieron romperla ellos. Todo fue muy pero muy natural. Más natural de lo que yo me hubiese imaginado en mi vida. Por eso lo recuerdo como un momento perfecto, hermoso, increíble. No tengo más que sonrisas para ese momento y agradecimiento para esas personas que estuvieron conmigo a quienes veía por primera vez en mi vida (excepto a Carla que la conocí en los cursos) y con quienes sentí un lazo eterno.
Cuando terminó todo, y mientras me recomponía. La partera y la enfermera parte en broma, parte en serio, me preguntaron cual era mi talento culinario, yo le dije que soy buena en la pastelería por lo que me pidieron si les podía hacer una torta para llevar más amena la guardia y cumplí. Se sorprendieron al verme llegar una noche bien tarde llevándoles una rica torta de chocolate con crema y baño de chocolate. Fue lindo volver a verlas, darles un abrazo, agradecerles por todo. Cada vez que pienso en ellas es como si fueran familia, algo especial en el corazón.
Sin dudas cuando se tiene un parto tan lindo con gente tan buena, tan linda de alma te las llevas con vos para siempre.

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