OTRA OPORTUNIDAD

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*Leer el título titubeando en la mente ♫otra oportunidad, otra oportunidad♫*

La cuestión fue que, debido al paro no pude comenzar ayer las clases y hoy tampoco y mañana ¿quién sabe? Para los que me leen desde otros países les cuento que hace *ya* nueve días deberían haber comenzado las clases en Argentina pero debido al paro docente por aumento de salario no ha sido posible. No es en toda la Argentina pero si en su mayoría.

No quiero hablar mucho sobre el tema porque cuando lo hago me termino enojando con el Estado y no quiero convertir mi blog en una discusión política.

De más esta decir es que estoy TOTALMENTE a favor del paro, ya que creo que la los docentes son la base de todo y no pueden pretender seguir cobrando los sueldos que cobran ni seguir manoseados para poder cobrar la limosna que cobran.

Fin.

Más allá de eso, a pesar del paro, tampoco habría podido arrancar las clases ya que mi pequeña hija levanto fiebre el domingo por la mañana y el lunes a la tarde le toco ver al Doc. Este episodio me sirvió para ver el cambio que tuve como madre en estos casi dos años que estamos por cumplir con mi hija. Como pase de ser una mamá primeriza totalmente asustada llorando con hija bebé en brazo porque creí que se sentía mal una noche a ser una mamá que supo como actuar frente a su última fiebre.

Me desperté el domingo a la mañana con una bebé en llamas. Debido al comportamiento que había tenido un día antes supuse que esa fiebre venía de unas anginas así que le bajé la fiebre y comencé a cuidarla frente a esta enfermedad. Me desperté el lunes a la mañana, llamé a su Doc y a la tarde lo vimos. Antes que la revise le dije desde mi humilde opinión que es lo que yo pensaba que tenía y finalmente así fue, diagnóstico: anginas.

Por suerte solo tuvo fiebre en dos ocasiones, la segunda muchísimo más leve que en la primera, en ningún momento perdió el apetito ni las pilas.

Es increíble como una cambia, madura. Dentro de un año les cuento mi nuevo avance.

Hasta luego!

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VOLVER AL RUEDO

estudiantes

Parece que fuera hoy esa noche de marzo del 2011 sentados con mi hermano en el borde de la pileta charlando de la vida, diciéndole “dentro de poco comienzo el profesorado, son cuatro años en los que se que no voy a ser madre”. No se porque lo dije, ni siquiera estaba con alguien, ni me veía con alguien, ni sentía nada por nadie. Desde siempre supe que la idea de un hijo no estaba en mi mente, sin embargo, esa noche me salió decirlo.

Como la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, cinco meses después estaba esperando a quién hoy es S., mi hija.

Muchas veces conté que, en el Instituto donde estudio fue donde me hice el test y me enteré que mi vida cambiaría para siempre. Obviamente nunca olvidaré ese día de vuelta a mi casa, en el colectivo, parada porque no había asiento, venía lleno y yo con unas ganas de gritarle a todos “voy a ser mamá”, así de loca. Me miraba esa panza que todavía no existía y no lo podía creer. Días después, venía en el mismo colectivo, lleno como siempre y comencé a sentirme mal, y me la aguante hasta que le pedí a una mujer si me daba el asiento. Entonces, el hombre que estaba al lado de la ventanilla me preguntó si me sentía mal y le dije que si y se ofreció a abrir una ventanilla (todo el colectivo venía con las ventanillas herméticamente cerradas) y me cuenta que hacía poco a su mujer le había pasado lo mismo que a mi, y sin saber aclara, pero ella esta embarazada. Solo me animé a responderle “ah, claro”, cuando en realidad quería decirle “yo también”.

En un principio tuve un embarazo de riesgo ya que al lado de S. convivía un hematoma por lo que estuve alrededor de dos semanas en stand-by, por suerte justo antes de los últimos parciales y si bien me atrasé no fue para tanto. Pero todos se preguntaban y se lo conté solo a dos de las chicas, sobre todo por la cábala de los tres meses. Y antes de terminar las clases se lo conté a una de las profesoras que adoro. Di un final en diciembre y hasta ahí llegó mi amor.

Cuando S. tenía un mes tuve un intento fallido de volver pero solo dure un día. Sentía en ese momento que ese no era el lugar donde debía estar, sino que tenía que estar en casa y cuidar de S. Y no tanto por cursar sino que no iba a soportar la vorágine de entregas, parciales y finales y además una bebe con teta casi exclusiva.

En ese momento me di cuenta que hasta que tu hijo no llega a tu vida no podes planificar nada. Porque me canse de repetir que después de tener a S. volvería y cursaría como mínimo tres días con todo lo que eso implica y repetía “si, voy a poder” cada vez que me decían que estaba loca. Y sí, lo estaba.

Así que me tomé mi tiempo, asimilé muchas cosas que tenía que asimilar. Disfrute el no perderme nada de todo este tiempo con mi hija y ahora sí, ahora es el tiempo de volver.

El jueves fui a anotarme, luego de dos horas de cola lo logré. Viajar hasta el Instituto, entrar, recorrerlo fue, no se como explicarlo. Porque la que entra ahora es otra Carla que nada que ver con la Carla que cursó hace dos años atrás. Si bien nunca me lo tomé a la ligera y siempre hice todo con responsabilidad ahora es distinto. Lo pienso y me dan ganas de llorar, que boba!

Es que esta vez volver para mi es todo un esfuerzo que antes no tenía. Requiere un montón de cambios y es definitivamente volver a la vida que había planeado antes cuando estaba sola pero ahora integrando a mi hija. Ahora si llegó el momento de dejarla a cargo de alguien. Por suerte es alguien de mi confianza pero me cuesta y tengo que acostumbrarme a que entre una niñera en la vida de mi hija. No se bien que es lo que voy a sentir pero después se los cuento.

Y bueno nada, aquí estoy hoy. Madre, emprendedora y, ahora también, estudiante.