INFANCIA

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Por un segundo cierren sus ojos y vuelvan atrás, muy atrás, a ese momento en que el mundo era gigante, a ese instante donde las piernas de mamá y papá eran nuestra muralla china.

Traten de recordar las fiestas de cumpleaños, las navidades, las canciones que escuchaban, los dibujitos que miraban, cuanto tiempo pasaban frente a la tele y cuanto tirados en el piso jugando.

¿Qué aromas los trae al pasado? ¿Qué sabores? ¿Como eran sus juguetes? ¿Cuales eran sus paseos?

Cuando cumplí cuatro años fuimos con mis viejos y mis dos hermanos al cine. Vimos Todos los perros van al cielo. Hacía frío pero no recuerdo cuanto. Recuerdo que me hicieron elegir entre El oso, y la de los perritos y me quedé con la segunda. Cuando salimos del cine fuimos a comer a Pamper Nic. Mi hermano menor tiró integro el vaso de gaseosa al piso. Volvimos tarde, de noche. En el colectivo nos encontramos con Larry de Clay que me saludó por mi cumple, en ese momento era solo mi vecino Raúl y me alegró que lo hiciera. Un cumpleaños en familia, en familia solo nosotros, los cinco y lo recuerdo como el mejor cumpleaños de mi vida. No hubo globos, ni piñatas, ni torta, ni nada. Hubo un paseo, me dejaron hacer todo lo que yo quise. Y tampoco pedí mucho porque nunca fui de pedir mucho.

A veces una se rompe la cabeza *me incluyo* planeando comprando, gastando, comprando, comprando. Y quizás están buenas estas cosas también, ¿no?

Es solo una reflexión para mis adentros que comparto hoy con ustedes.

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