COMO SPIDERMAN

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Así como alguna vez le dijeron a Spiderman que un gran poder conlleva una gran responsabilidad supe desde siempre que ser madre era eso justamente. Pero creo que, hasta que no estás dentro del baile, no sabes realmente lo que es la responsabilidad. Si, claro que un montón de cosas te ponen en marcha pero hasta que no te pasa no tenés ni la más remota idea de qué estamos hablando.

Hace unos días, mirando un programa en la tv, escuché a una chica decir que ella nunca se pone de novia porque no le gusta que nadie dependa de ella (ni ella tampoco tener que depender de nadie). La entendí profundamente porque toda la vida me pasó lo mismo. Aunque muchos se tomen las relaciones a la ligera, para mí, es un peso detenerme a pensar en alguien dependiendo de mi. Me aterra pensar en dar un mal paso y terminar lastimando, sin querer, a una persona. Posiblemente lo he hecho. No tengo idea. Tal vez tener buena relación con quienes en algún momento compartí mi vida puede hacerme creer que jamás llegué a lastimar a nadie. Pero no tengo la seguridad. En fin.

La cuestión es que, a veces, la responsabilidad que conlleva ser madre me sobrepasa y, un poco, me paraliza. Para qué les voy a mentir. De hecho, me está pasando. Rait nau. Claramente la responsabilidad materna es algo de lo que no podés escapar. Está ahí todo el tiempo dando vueltas. Ser la única a la hora de tomar decisiones, de luchar ante un problema, de lograr que ese pequeño ser que un día salió de tu vientre lleve una linda vida. A veces me pasa no poder permitirme estar triste cuando lo necesito. Y cuando digo triste es estar tirada todo un día en la cama mirando el techo o una serie o escuchando música o dibujando o lo que sea. Porque todos los días tengo que estar al pie del cañón, lista para comenzar el día y acudir a cada llamado.

Mientras escribía este post S. me llamó porque quería ir a dormir. Perdí el hilo. No se cómo iba a terminar. Sabran entender. Cuando lo recuerde escribiré el volumen 2 de esta entrada. *honestidad brutal*

Sometimes

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Y otra vez me encuentro escribiendo “a veces”. Últimamente siempre comienzo todo lo que escribo con “a veces”. Porque a veces estoy un poco feliz pero a veces también estoy un poco triste.

Me encuentro con días en los que deseo soledad por veinticuatro horas. No pido mucho. Sólo veinticuatro horas de silencio. Durmiendo hasta la hora que desee. Pero en una de esas perdería mucho tiempo porque tengo un sueño atrasado. Demasiado atrasado. Porque aún cuando duermo unas horas demás me despierto pensando en todo lo que viene, en el no parar jamás y me levanto cansada. Estoy cansada. Totalmente cansada.

A veces estoy demasiado cansada y me pongo triste y no se me pasa aunque mire un episodio de Louie o me ponga a tejer o leer o a lo que sea. Todavía no encontré la manera de poder divisar un punto fijo cuando la realidad me marea. Pero sigo buscando. Siempre sigo buscando.

Puede que me asuste y me aleje. Puede que tome coraje y me adelante. Puede que pasen un montón de cosas. Mientras tanto sigo buscando mi punto fijo.

CRÓNICA DE UN “NO” OLVIDO

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A veces me pega la nostalgia, a veces me pongo triste, a veces simplemente pasan días en los que no recuerdo nada.

Despertar con un sueño. Sentir ese sueño real, sentir una felicidad que no va a llegar jamás.

Me desperté deseando una familia que no existe, me desperté con un hueco en el alma. Porque nos soñé a los tres sonriendo, jugando en familia y sentí que quizás uno no valora lo que tiene.

A mi me pasa mucho eso cuando veo, escucho personas que no visitan a los abuelos. Yo desearía con el alma y el corazón tenerlos hoy, mañana, siempre. Prácticamente no se lo que es tener abuelo porque los perdí a todos de niña. Mi último abuelo murió cuando yo estaba en segundo grado, de ahí en más extrañé a todos por siempre. Entonces siempre que estoy presente frente a alguien que no ve a los abuelos nunca pienso “si esa persona tan solo supiera lo que se siente no tenerlos”.

Hoy me desperté con esa sensación pero frente al papá de mi hija. Mi hija no tiene a su papá, es chiquita, ella todavía no lo siente, no sabe. Pero estoy yo que si siento y se su ausencia. Me duele, hoy me duele acá en el fondo del alma. No me duele tenerlo en forma amor, en forma pareja. Me duele no tenerlo en forma papá. Me duele no poder hablar con él de ella, me duele no jugar juntos los tres, no sentarnos aunque sea un día en la misma mesa. Me duele con ese dolor de querer explotar en llanto. Yo lo conozco en interacción con niños y pienso “ojalá podría tener ese cariño con su hija”.

Ya se que me van a decir que S. me tiene a mi, que no necesita nadie más, que tiene muchas personas que la aman y la acompañan en su crecimiento. Pero no me puede dejar de doler.

#catarsisoff

CRÓNICA DE UNA NIÑA INSOMNE

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Cuando S. estaba en mi panza no dormía de noche. Era nocturna, no paraba siquiera cuando yo me acostaba, había veces que eso no me dejaba dormir. Me dijeron que fuera de la panza los bebes mantenían el mismo horario. Me parece un poco cualquiera y un poco cierto. Pero si hacemos cálculos, ¿cuantas son las madres afortunadas de bebitos recién nacidos que le duermen de noche?

La cuestión fue que S. se despertaba de noche, MUCHO, más de lo que me hubiese gustado. Y fue así por los próximos ocho meses con toda la furia de despertarse bastante y después, tipo a los diez meses, se despertaba más espaciado. Hasta que llegó el día que durmió de un tirón. Para mi fue la gloria, la pase muy mal mientras la etapa #teamnoduerme estaba vigente. Pensé que no pasaba más el tiempo.

Después todo fue una especia de sube y baja, un tiempo durmiendo lo más bien, otro despertándose de noche.

La semana pasada pasó eso. A mi hermosa hija se le cambió los horarios y es tan linda que se iba a dormir a las ocho de la mañana! Si, mis amoras, así como lo leen, toda la noche dale que te dale. Me se perfectamente la programación de Discovery Kids, el tema de la banana de The Fresh Beat Band ni te explico!

No se como es que pueden ocurrir cosas como esas.

Antes de ser mamá yo pensé que los bebitos cuando dejaban de ser bebitos ya dormían, o cuando ya pasaban algunos meses, que ilusa por favor!

 

¿DONDE ANDO?

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El sábado a la noche me puse a actualizar mi cuenta de Flickr que la tenía bastante olvidada. Que se yo, me gusta esa red social, ya que Instagram no uso. En fin.

Busqué las fotos que quería subir y en las carpetas no encontraba más que fotos de mi hija. Casi no tengo fotos mías, solo fotos de ella o de mis amigurumis.

El sábado me pegó medio de reflexión. Mi hija se fue a dormir temprano y yo me quedé despierta, no tenía la menor idea de que hacer y recordé mis noches de adolescencia, las colas en los recitales, los bares con amigos, me pregunto que fueron de mis ganas de aquellas noches. La vida cambia, o si que cambia. Igualmente no siento que me haya perdido nada, pero sin embargo, nostalgia de esos años mozos aparece haciendo eco en mi sábado a la noche.

Sale post cortito de martes, ¿ustedes como la pasaron el fin de semana?

 

EL VIENTO NOS AMONTONA

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¿La maternidad y la amistad van de la mano? Me lo vengo preguntando hace varios días. La amistad va de la mano con la vida misma, de eso no hay duda, pero es verdad que cuando cruzamos el umbral de la maternidad las amistades cambian como del día a la noche.

Hace unos años comencé a tener amigas madres antes que yo lo sea, siempre traté de estar y conectarme con ellas en la medida que la experiencia podía hacerlo. Porque nunca se puede compartir algo si no lo viviste, o sea del todo, hablo del todo. Según lo que recuerdo mis relaciones siguieron siendo iguales, inclusive con un nuevo integrante en la mesa.  Pero hasta que yo no viví la maternidad no pude darme cuenta cual era esa diferencia que había entre mis amigas madres y yo.

Mi maternidad me llegó a los veintiséis años, y si bien siento que me faltaron cosas por hacer *recibirme por ejemplo* tampoco sentí que llegaba en un mal momento, si en años nos referimos. Los veintiséis son un buen momento para tener un hijo.

Ahora, entre mis amigos  que no son padre veo esa diferencia que antes yo tenía cuando todavía no era madre.

Es difícil que una amiga no madre entienda de repente que no queres salir hoy porque preferís quedarte en casa disfrutando de ese momento en que tu hija se duerme, porque a parte esta bueno estar en ese momento en que ellos se duermen acompañándolos y además estás cansada porque anduviste todo el día de acá para allá jugando, bailando, cocinando, calmando, retando, y ando ando ando y entonces deseas que llegue ese momento de la noche para descansar al fin.

A veces me siento tan desconectada con mi entorno que me desconozco. Siento que es una etapa normal por el que toda persona transcurre, ni siquiera siento que sea un sentimiento genuino pero ahí esta.

La mayoría de las veces solo quiero tomar mate y que me cuenten en que andan y reírnos un rato y nada más. No se a donde habrá quedado mi costado que le gustaba ir a un recital, ponerse linda, arreglarse, ir a un bar. Pero ahora es solo eso lo que necesito. Así de aburrido y poco interesante pero es la cruda verdad.

Pero tuve la suerte que el viento me amontono con madres 2.0 que pasaron a ser de carne y hueso y de abrazos y de fierro. Con las que hablamos de cualquier cosa menos de criaturas. Nada de cacas, o a veces si, pero tampoco tanto. Qué sería de mi sin ellas. Entonces volvamos al principio… ¿la maternidad y la amistad van de la mano? si si, claro que sí.

Hoy vino de catársis, que tengan lindo miércoles!

CONTRADICCIÓN

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Quizás en el Diccionario de la Real Academia debería decir algo así como “maternidad: sinónimo de contradicción”. O al menos en MI diccionario debería decirlo.

Muchas veces leí madres diciendo lo mucho que extrañaban a sus criaturas aún estando con ellos pensando en ese momento en que no estarían con ellos. Porque se van a trabajar, porque tienen algún trámite que hacer, etc.

La única vez que me sentí así fue cuando tuve que enfrentar el fin de mi licencia. Bueno, ese día y ayer.

Ayer nos juntamos con unas amigas, estuve toda la semana diciéndole a S. que veríamos a sus amigos, feliz. Cuestión que el viaje que iba a ser en auto se suspendió y tuve que tomarme el colectivo, entonces S. quedó en casa. Porque tenía un largo viaje, y, a pesar de que ya lo habíamos hecho una vez esta vez no me animé. Ella ni se enteró, pero yo… yo si.

Cuando supe que iría sin ella me dio una sensación de tristeza y estuve a punto de quedarme en casa a no ser porque… este año retomo el estudio, entonces ahora SE que esto me va a volver a pasar y en eso tengo que ser cero flexible, es una obligación con la que debo cumplir por lo que esta bueno que vaya acostumbrándome. Creo que ir de todas maneras fue como un gran paso que tenía que dar.

Tenía miedo que me busque y no me encuentre y todos esos miedos que tenemos las madres cuando dejamos a nuestros pequeños en casa.

Cuando llegué vino corriendo, me abrazó fuerte y no paraba de sonreír y de querer contarme en su idioma como estuvo el día. Pregunté como había salido todo, si hubo llanto o si me buscó en algún momento y me dijeron que no, por lo que, la única que sufrió este día sin ella fui yo y me alivia.

El gataflorismo de la maternidad, como me dijo F. Y si… ♥

EL AMOR DESPUÉS DEL AMOR

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Fito nunca tuvo tanta razón, o si *como saberlo*.

Un día conocí a un chico, me gusto un montón, sentí una par de mariposas en la panza, porque negarlo. Idas, vueltas, abrir los ojos, cerrarlos, una hija.

Quedé “sola” en el momento que más acompañada estaba. Cuando mi hija decidió a vivir en mí y yo decidí vivir por ella.

Lloré mucho, claro. Me reclamé a mi misma, me llené de preguntas la mente y el corazón hasta que no tuve tiempo para nada más.

Porque con los bebitos no se tiene mucho tiempo para pensar. Maternidad full time.

Tuvo sus frívolos “pro”. Nadie me dijo “a mi no me gusta el nombre  Sophie, a mi me gusta Angelica”. Pero tampoco tuve ese abrazo que hubiese calmado veinte tormentas en momentos en el que el miedo me hacía temblar el alma.

Pero bueno, ahora todo eso quedó atrás, para mi no hay realidad más que mi hija y yo. Nuestra pequeña familia, nosotras dos.

¿Y ahora?

Ahora se me llena la mente de preguntas, de dudas, de miedos otra vez. No tengo mis ojos puestos en nadie en este momento. Muchas veces no me importa pero llega un domingo a la tarde y es un algo muy lejano lo que me devuelven las plazas, los parques. A veces se siente como estar frente a Ryan Gosling y desearlo, pantalla de por medio sabiendo que no hay chances si quiera de rozarle la espalda. Así de lejos e imposible se siente todo.

Porque cuando la pequeña no se duerme de noche o se duerme y vos medio que arreglas para ir a dar una vuelta y se despierta porque te espera, porque no quiere dormir si vos no dormís.

No se, son miedos. No me gusta hablar al respecto, menos en público, pero ¿quién más que ustedes para decirme si están viviendo algo parecido y me cuentan que es lo que pasa? ¿Como se sigue? Sobre todo cuando una se llenó de años y de mañas. No, no tengo cincuenta, pero tampoco tengo veinte y pocos.

Soy toda ojos.

DUÉRMETE NIÑO

Haría una encuesta para saber cuantos son los niños que duermen… a ver, levanten la mano… vamos vamos, pero qué pocas manos, no sean tímidos, ah ¿no es por eso? ¿Es la pura verdad? Ok, me siento un poco mejor. #maldad

Cuando S. nació era la única bebe que se escuchaba llorar en las tres noches de internación ( a saber… noche uno, porque nació esa noche, y luego dos noches de correspondientes 48 horas de internación). Una de las noches fue el incentivo para que lloraran todos los bebitos de piso, los nervios que me agarraron no te puedo explicar. Yo, mamá primeriza, no tenía idea de como hacer dormir un bebé, fue toda una locura, todavía no entiendo como logré que lleguemos sanas y salvas de nuestro alta. Porque en los únicos momentos que vi a mi familia fue en la hora de visita después me aventuré a la maternidad a los golpes, solita, sin ayuda, y salió bien, pero ese no es el tema de hoy.

El tema es que mi hija no dormía… de noche claro, porque de día dormía todo. ¿Qué iba a hacer? ¿Despertarla? ¡Tener paciencia!

Cuando nos dieron el alta, recuerdo llegar a casa, haber mordisqueado pollo que habían preparado para el almuerzo, le di la teta a S. la dormí y pedí POR FAVOR que no me despertaran a no ser que S. quisiera teta que era su único alimento en el momento. Recuerdo perfectamente a mi hermano, con S. en brazos llorando, diciéndome “Car, quiere comer”. Yo estaba desmayada de sueño y así fueron meses largos.

Llegaba la noche y para mi era el terror, era como meterme en una cabaña y esperar a Jason (le tengo miedo a Jason). No dormía, o sea, dormía pero se despertaba MUCHO y no hay peor cosa que te corten el sueño. Pasaban los meses y me decían que ya se iba a acomodar el sueño, probé de todo. Salíamos a pasear y me decían “esta noche te va a dormir”… y NO, NO DORMÍA!!! Mi primer cumpleaños con ella, tres meses tenía, le pedí que el mejor regalo que me podía hacer era, que se yo, cuatro o cinco horas de sueño… JA!

Más o menos comenzó a mejorar a los diez meses, ya se despertaba cada cuatro hora y no cada hora o dos horas. Después del año fue LA GLORIA. Y entonces comenzó mi vida nocturna. Me quedaba de noche tarde, muy tarde para respirar, para volver a ser yo con mi música, mis libros, aunque sea por un rato. Muchas veces tuve que pelear con mi cansancio, algunas veces me ganaba.

Hace un tiempo, desde que comenzó el calor más que nada volvimos a la pesadilla. Volvió Jason con su motosierra recargado, esperándome en la habitación de noche para que tiemble de miedo. Volvió el insomnio infantil, lo máximo fue irnos a dormir a las siete y media de la mañana… si, mis queridos, cuando mi hija no quiere dormir tiene todo el aguante que te imagines, parece un adolescente que llega con el sol en la cabeza un domingo a la mañana. Ese fue mi límite.

No se que hice al día siguiente que nos acostamos, ponele, tipo doce. Colechamos y la tipa se durmió TODO. Así tres días seguidos hasta que anoche el insomnio volvió a atacar y nos encontro hasta las cuatro y media mirando Un show más por Cartoon Network.

A veces pienso que no hay una técnica, solo hay que dejar que la naturaleza haga lo suyo.

Paciencia, repetir como mantra y que sea lo que el niño quiera.

Amo esta canción de Intoxicados, nada, se las dejo.

CUANDO LOS HIJOS MUTAMOS A PADRES

The_Royal_Tenenbaums(145068)12-08-30

A veces los veo a mis viejos y me pregunto que tan difícil es hacerse la cabeza de que ese ser que criaste durante toda tu vida, que te cansaste de retar y de mimar en mismas cantidades se convirtió en padre. Ahora esta en tu mismo rango, tienen algo totalmente importante y magnifico en común, la paternidad o la maternidad en el caso de las madres.

Me pregunto que les pasará por la mente a los padres cuando nos ven padres a nosotros. ¿Se preguntarán, acaso, si habrán hecho “las cosas bien” para darnos una guía de como transitar este camino? Yo pienso que mal o bien siempre nos guiaron. Todo lo que vivimos con ellos nos enseñaron a querer ser o no como ellos. Porque de hecho soy de esas personas que siempre algo rescata de todo.

Quizás por eso de no poder darse cuenta que pasamos para su bando es que pueden decirte delante del nieto, “no lo retes” y retarte por retar a su nieto. Quizás por eso pueden intimidarte con la mirada, hasta llegar a hacerte creer que hay algo que esta mal. Que gritarle al pibito esta mal, aunque este metiendo los dedos en el enchufe.

No se como seré de abuela, si es que en algún momento lo soy. Eso… si alguna vez me escuchan diciéndole a mi hija “¿para cuando un nieto?” quiero que me peguen fuerte, mínimo con un bate. Porque, oh, como rompe las pelotas esa frase de ¿para cuando?

Pero bueno, nada. Mi duda existencial de estos días es esa… ¿cuanto les cuesta a los padres ver a sus hijos jugando en el mismo equipo?

Digo así como a Royal Tenenbaum ¿cuanto le habrá costado?