My own Better things

better_things_-_pamela_adlon_-_still_-_h_-_2016

Ayer participé junto con Hey Mama Wolf de La Camparty en San Telmo. Antes de volver a casa pasé por un local en Palermo. Me bajé del auto y le pedí a Sophie que me espere en el auto junto con mis viejos.

Desde el local escuchaba a S. llamarme e hinchando los cocos. Me puse nerviosa. Cuando terminé de comprar y quise subirme al auto me encontré con una parte trasera llena de cajas. Fueron dos segundos que no entendí nada hasta que me di cuenta que quien manejaba no era mi padre y su copiloto no era mi madre. Le pedí mil disculpas a los dueños el auto. Le expliqué que yo tenía uno igual. Pudieron corroborarlo cuando me vieron cruzar y subir a un auto exactamente igual al de ellos.

Oh, los nervios. Oh, la maternidad.

Feliz día para mi y para ustedes, compañeras.

CORTITO

29569295514_391a590166_z

Estaba preparando el agua para el mate. Parada en la cocina. Mirando la nada cuando pensé en uno de mis hermanos. El único que no es padre aún. Lo imaginé en su casa mirando una película. Tranquilo. Pensé en todas las cosas que podría llegar a hacer estando solo en la casa hasta que me di cuenta que, en verdad, me estaba imaginando a mi estando sola en una casa sin responsabilidades.

Por un instante recordé las miles de veces que sentada sola en casa con una panza a punto de explotar  tratando de imaginar cómo sería vivir con una hija. Cómo sería eso de no tener tiempo para nada. De ya no decidir libremente tus actividades. Pero por sobre todo, cómo sería eso de no estar sola.

No soy un ser muy sociable. O sí. Pero no soy alguien a quien le guste participar de reuniones siempre. Me gusta estar en casa. Mirar alguna película, escuchar música, tocar la guitarra (cuando la tenía), escribir. Pasar tiempo conmigo.

Jamás de los jamases pude imaginar cómo sería mi vida con una hija hasta que nació S.

No sé si por una de esas cosas del tiempo, o wathever, hoy me encontré sola en la cocina preparando el agua para el mate y no pude imaginar por un instante lo que sería vivir mi vida sola sin mi hija. Mirar una película sin que me llamen. Despertar a la mañana sin poder ver de a ratos a S. dormir. No me puedo imaginar sola. No sé cómo es y apenas recuerdo cómo era. Y, si bien, a veces me quejo de cansancio no me imagino cómo sería una vida sola pero tampoco me la quiero imaginar.

ESTÁ TODO BIEN, AMIGA

lopilato-con-susana

El domingo tuvimos el agrado (?) de ver a Luisana Lopilato junto con Susana Giménez en una entrevista exclusiva (??).  Antes de meterme en lo que realmente quiero tengo ganas de hacer un comentario. Es increíble el cholulaje que manejan nuestras divas… creo que exceptuando Moria. No les es indiferente recibir a una estrella internacional, o alguien casadx con, para cholulear. No sé si a Susana le importaba tanto la vida de Luisana pero sí saber si Michael Bublé cambiaba los pañales, cómo vive, qué hace, a quién le canta. No sé, es un dato de color que me causa gracia siempre.

Luego de enterarnos sobre su vida profesional Susana le preguntó a Luisana si no tenía ganas de tener una nena (Bublé y Lopilato tienen dos hijos varones: Noah y Elías). En ese momento fuimos testiigos de una catársis. Catársis que sale en cualquier encuentro con amigas, pero quizás nos sorprende escucharlo de una famosa. ¿Por qué? Tal vez porque muchas veces pensamos que están llenas de niñeras. Me incluyo. Muchas veces lo pienso.

El tema central fue: “mi bebé no duerme”.  Entonces pudimos saber que una de las cosas que Luisana ama en la vida es dormir y hace seis meses que no puede hacerlo por lo que no está en sus planes volver a ser madre de acá a un tiempo largo. Todo estaba bien hasta que tuvo que rematar su catársis con un: “pero mis hijos son lo mejor que me pasaron en mi vida”.

Oh wait! Creo que es hora de decir (para que aquellas que no sepan que se les grabe en la mente). Amiga, está todo bien si en algún momento sentís que querés agarrar la llave de tu casa y salir corriendo hacía un paraíso donde está lleno de camas donde podemos dormir todas las horas que se nos cante. O encontrarnos con pantallas por doquier para poder ver lo que tengamos ganas Y EN SILENCIO. Sin nadie que nos interrumpa mil veces y terminemos viendo un episodio que dura 22 minutos en una hora (o, a veces, dos). ¿Se imaginan? Un día entero sin escuchar a la gallega saludar a nuestros retoños: “¡Hola, chicos! “

¿Dónde firmo?

Está todo bien. Parte del amor es también, a veces, explotar. Para eso podemos hablar. No hace falta que aclaremos nada. Nosotrxs lo entendemos.

BETTER THINGS

better-things

Probablemente, si se tratara de otra serie, no estaría acá escribiendo sobre Better things. Pero apenas transcurrido el primer minuto del piloto no dudé un segundo en que el post sobre la nueva serie de Pamela Adlon lo iba a escribir en este blog.

Pongámonos en contexto. Better things es la nueva serie escrita por Pamela Adlon y Louis CK. Protagonizada, en este caso, sólo por Pamela. Y digo, en este caso porque a esta dupla ya tuvimos el placer de verla en Lucky Louie. La sitcom creada por CK que nos muestra la vida de una familia de clase media de Estados Unidos. En aquella ocasión ambos son protagonistas junto con una pequeña cuyo personaje se llama Lucy. Años más tarde, nos volvemos a cruzar con ellos en Louie. La serie que cuenta la historia de un padre de dos niñas, divorciado. A Pamela la conoce en una de las reuniones de colegio ya que ella es la mamá de uno de los compañeros de su hija menor. A través del tiempo pudimos ver a Louie y a Pamela en rol pareja, en rol padres separados y, ahora, es el turno de ver sólo a Adlon caracterizando a una madre de tres hijas.

Better things cuenta la historia de una mamá soltera. Ella es Sam y es actriz. Tiene tres hijas (Max, Frankie y Duke) y un ex, casi ausente. En una charla ella cuenta que hace un mes que las niñas no ven a su padre. Claramente se ve su lucha en el día a día para desvivirse por sus hijas y, a la vez, tratar de encontrarse ella como mujer.

Como dije al comienzo, desde el primer minuto supe que acá iba a hablar de Better things porque una de las primeras cosas que nos muestra la serie es la mirada del otro frente a la crianza de nuestros hijos. Cuando arranca la primera escena vemos a Sam sentada en un banco usando su celular mientras su hija menor no para de llorar y una señora sentada a su lado la mira de una manera totalmente prejuiciosa. Duke llora porque la madre no quiso comprarle unos aros de seis dolares. Ante la mirada inquisidora de la mujer sentada a su lado, Sam le dice el motivo por el cual su hija llora y le retruca: “¿Quiere ir usted y comprarle los aros de seis dolares?” PAMELA ADLON SOS MI HEROÍNA. No existe madre en la Tierra que no pueda llegar a sentirse interpelada con esa escena, tan típica, tan cotidiana de nuestras vidas.

Creo que la única diferencia entre Better things y mi vida es que yo no soy actriz y no tengo tres hijas sino una. Después, todo lo que pude ver en los veintidós minutos que duró el piloto fue como estar mirando mi día a día en la pantalla. Desde el momento de “privacidad” de Sam mensajeándose con alguien hasta la escena en la que se acuesta al lado de Duke para hacerla dormir y que la hija le acaricie el pelo para adentrarse en los sueños. Todo tiene una parte de mi y déjenme decirle que me encantó.

Las historias de familia son muy lindas. Ver el día a día de las parejas. Como pelean porque “bañá vos al nene”, “no bañalo vos”. O esas escenas de “al fin solos”. Todo bien. Pero yo necesitaba algo que me muestre la vida de una madre soltera que carece de tiempo. Que para tener una cita tiene que hacer malabares. De hecho, me leo ahora mientras escribo y creo que debería poder venir acá y hablar un poco también de ese costado. Bueno, vamos de a poco.

Háganse un favor y vean Better things. Todos los jueves se van a encontrar con un nuevo episodio. Lo emite FX. Después me cuentan.

ERMITAÑA

mi mama me lima

Dice el diccionario: “Persona que vive sola en un lugar deshabitado, especialmente para dedicar su vida a la oración y al sacrificio.”

El viernes tenía una cena con amigas. Salió ese mismo día (si mal no recuerdo). Pim pam pum, arreglamos. Bromeé en Twitter respecto de mi noche, le envié una foto  a una amiga mostrándole que me había pintado los labios y las uñas. Estaba lista. Medio me preparé como una se prepara para una cita. Hasta te diría, casi, con el mismo entusiasmo. Y justo justo cuando faltaba media hora para irme S. se puso un poco inquieta, hiperactiva. No se quedaba quieta, no hacía caso a nada por lo que terminé cansada y avisé a una de mis amigas que no pase a buscarme. Automáticamente me quité el maquillaje y la ropa para volver al pijama y a twitter y a ver pavadas en la tele. Cuando estaba totalmente de entrecasa los ánimos se calmaron y todo se convirtió en quietud.

No me acuerdo cuándo fue la última vez que cené afuera. Tampoco recuerdo cuándo fue la última vez que salí a tomar algo o a dar una vuelta. No tengo idea cuándo fue la última vez que mantuve una charla con alguien sin que me interrumpan. El año pasado, una tarde linda de septiembre me dieron ganas de tirarme un rato en el pasto. Recuerdo esas ganas y ese día porque hoy ¡mayo! todavía no pude hacerlo.

Hace unos días me cruce a un negocio que queda justo frente a casa y la chica me preguntó si me había mudado porque no me veía. Gusto de contarle a mis amigos que para mis vecinos debo ser algo así como un “mito urbano” porque jamás ando de paseo por la ciudad. Pero, una cosa es decir la ciudad y otra que mi vecina de enfrente me pregunte si me mudé.

Todo esto me hizo parar la moto y reflexionar. Entre nos, ayer llegué a googlear: “Motivos que hacen que no salga de casa”. Claramente no me identifiqué con nada que me tiró Google. Todo hablaba de depresión profunda y, la verdad, yo no me siento deprimida para nada. No estoy triste. No es que no tengo ganas de nada. Me levanto como todos los días, hago cosas como todo el mundo pero todo todo adentro de casa.  Me acostumbré demasiado al “ya que vas para el centro me comprás tal cosa”, “vos que no estás de entre casa, ¿vas al almacén a comprar unas galletitas?” Y no. No es así.

Hace un tiempo me puse como meta no andar de pijama y podría decir que lo logré. No en su totalidad pero la mayoría de días me levanto y me visto como si fuera a salir. Ahora tengo que proponerme dejar de pedir favores y salir a la calle yo. Cuando trabajás en tu casa se hace sumamente dificil. Bah, cuando trabajás en tu casa y, además, disfrutás enormemente estar en ella. Claro, no es que no lo disfrute. Es que quizás debería tomar un poco de aire.

Claramente este post es un recordatorio. Confío en que ustedes van a comenzar a preguntarme por dónde estuve.

COMO SPIDERMAN

spiderman

Así como alguna vez le dijeron a Spiderman que un gran poder conlleva una gran responsabilidad supe desde siempre que ser madre era eso justamente. Pero creo que, hasta que no estás dentro del baile, no sabes realmente lo que es la responsabilidad. Si, claro que un montón de cosas te ponen en marcha pero hasta que no te pasa no tenés ni la más remota idea de qué estamos hablando.

Hace unos días, mirando un programa en la tv, escuché a una chica decir que ella nunca se pone de novia porque no le gusta que nadie dependa de ella (ni ella tampoco tener que depender de nadie). La entendí profundamente porque toda la vida me pasó lo mismo. Aunque muchos se tomen las relaciones a la ligera, para mí, es un peso detenerme a pensar en alguien dependiendo de mi. Me aterra pensar en dar un mal paso y terminar lastimando, sin querer, a una persona. Posiblemente lo he hecho. No tengo idea. Tal vez tener buena relación con quienes en algún momento compartí mi vida puede hacerme creer que jamás llegué a lastimar a nadie. Pero no tengo la seguridad. En fin.

La cuestión es que, a veces, la responsabilidad que conlleva ser madre me sobrepasa y, un poco, me paraliza. Para qué les voy a mentir. De hecho, me está pasando. Rait nau. Claramente la responsabilidad materna es algo de lo que no podés escapar. Está ahí todo el tiempo dando vueltas. Ser la única a la hora de tomar decisiones, de luchar ante un problema, de lograr que ese pequeño ser que un día salió de tu vientre lleve una linda vida. A veces me pasa no poder permitirme estar triste cuando lo necesito. Y cuando digo triste es estar tirada todo un día en la cama mirando el techo o una serie o escuchando música o dibujando o lo que sea. Porque todos los días tengo que estar al pie del cañón, lista para comenzar el día y acudir a cada llamado.

Mientras escribía este post S. me llamó porque quería ir a dormir. Perdí el hilo. No se cómo iba a terminar. Sabran entender. Cuando lo recuerde escribiré el volumen 2 de esta entrada. *honestidad brutal*

TODAS ESAS COSAS

niños

Anoche mi querídisima amiga Gisela, más conocida en Twitter como @OhColores, tiró un tópico fuerte a su TL: ¿Qué es lo que más agota de ser padres? Leer las respuestas me hizo sentir acompañada en esta dura etapa por la que estamos atravesando. S. tiene cuatro años y, al parecer, está pasando por la “famosa adolescencia de los 4”. Y no hay día en que no se haga sentir, te atraviesa la paciencia. Leer la cantidad de padres que estamos en la misma un poco te acompaña.

Escucho a mi madre y amigas de madres y tías y toda persona mayor diciendo una y otra vez: “Ustedes cuando eran chicos no eran así. Les daba cualquier juguetito y se entretenían por horas. Era como no tener chicos en casa”. No sé si me mienten o realmente hubo un cambio grosso en algún momento de la evolución que hizo que hoy nazcan chicos superactivos, que no se conformen con nada y, por sobre todas las cosas, ¡demandantes!

Yo trabajo en casa, lo que hace que esté 24X7 con S. Y tengo casi comprobado que la demanda comienza en el momento en que una lo último que quiere es ser llamada. Puedo estar sentada cinco minutos mirando la nada pensando en nada y todo estará en silencio. Pero, basta que me proponga seguir trabajando o tratar de escuchar algo que están diciendo en la tele, para escuchar: “¡mamá!” (De hecho, acaba de llamarme mientras estoy escribiendo esto).

Tengo un master en levantada de juguetes. Es levantar, que tire todo y volver a levantar. Explicarle que tiene que ayudar. Quizás una o dos veces por semana lo hace pero estoy exagerando seguramente. “No puedo”, es una de las cosas que más escucho en el día junto con “mamá” y “estoy ocupada” cuando le pido que haga algo.

Yo soy indecisa pero nunca como mi hija a la hora del baño. Porque siempre es un no a la hora de meterse en la bañera y un no a la hora de salir. Discutir para que se bañe y discutir para que entienda que el agua está fría y no puede seguir jugando. Porque los niños nunca se dan cuenta del cambio de estaciones. O, quizás, es mi niña. Recién ahora estamos comprendiendo que ya no da andar descalza por la casa y que tampoco podemos seguir con la rutina de salir a jugar con agua al jardín.

Cocinar y que no quiera comer porque justo eso lo quería hace un rato pero ahora no.

El momento del juego. Que quiera jugar a pintar. Preparar todo hacer dos rayitas y ahora querer jugar con los muñecos, y después con los bloques (bloques que se reproducen a medida que avanza el juego y cuando vas a juntarlo terminás teniendo el doble de lo que sacaste en la bolsa en un principio). Armar rompecabezas todas las veces que sea necesario… el mismo.

Cuando llega la noche lo único que queres es un rato para vos. Silencio. Que nadie te hable. Me pasa de despertarme a la mañana temprano y quedarme acostada media hora en total silencio sólo mirando el techo por no poder creer estar con los  ojos abiertos y que nadie venga a pedirme nada. Bueno, llegué a quedarme más de media hora. ¿Para qué les voy a mentir?

Igual sí. Cuando por algún motivo tengo que pasar todo el día fuera de casa la extraño y casi que necesito que alguien me diga mamá. Y en una reunión ante un llamado me encontré diciendo: “¿Qué, mi amor?” El gata florismo maternal que le dicen .

 

NOS VAMOS DE FERIA

feria

El domingo voy a participar con Hey Mama Wolf en la primera Pequeña Feria de Emprendedores del año y estoy MUY nerviosa. Ayer lo largué como un grito catárquico en Twitter y la bella de Seelvana me pasó un link de su blog donde habla acerca de sus miedos cuando fue a su primera feria. Me ayudo muchísimo.

No sólo me encontré reflejada en esa listita de temores sino que logré reparar en otras cosas en las que no había pensado. Por ejemplo: ¡Qué me voy a poner! O que debo preparar el mate.

No es que esta sea mi primera feria *es la cuarta* pero así y todo me da miedo. No estamos en una buena situación del país y eso influye en mis temores, por supuesto. El miedo mayor es el no vender nada, aunque tenés que tener mucha mala suerte para que eso ocurra. Bueno, en la primera me pasó. Mala suerte de principiantes quizás. No lo sé. Tampoco tengo muchas ganas de pensarlo en este momento.

Todo esto es para decirles que si andan por Capital el domingo los y las espero en Espacio Machado (Machado 617). De 16 a 20 nos encuentran. ♥ Si quieren hacer algún pedido especial pueden consultarme en heymamawolfdesign@gmail.com 

¿Nos vemos? ☺

ESPERAR

Algo siempre me unió a Abril. No sé qué. Nunca lo supe bien. Bueno, una vez me enamoré perdidamente de alguien que cumple años en Abril, pero así y todo ese mes me gustaba desde hacía mucho.

El año que quedé embarazada puede que haya sido el año más productivo de mi vida. Estudiaba y trabajaba. El único día libre de la semana era el sábado. En esas veinticuatro horas me repartía para hacer trabajos prácticos, leer fotocopias, eventualmente estudiar para parciales y, muy rara vez, para vivir. Cursaba once materias. Una locura. Entre toda esa vorágine quedé embarazada.

Me propuse así y todo rendir todos los finales entre Diciembre y Marzo. Terminé por rendir sólo uno en Diciembre. Seguí trabajando hasta que comenzó la licencia y, en ese momento, jamás me sentí tan rara en mi vida.

Llegó Marzo y todos volvieron a sus rutinas y yo con una panza enorme a punto de explotar sólo iba de un lado para el otro. Miraba películas, escuchaba música, hacía listas interminables de cosas para comprar. Ultimaba detalles para la llegada de mi hija.

Las tardes era rarísimas porque me quedaba sola en casa. Solía sentarme en el comedor y pasaba horas tratando de imaginar cómo sería mi hogar con la llegada del bebé. Cómo sería no volver a tener más tiempo para mi. Cómo sería despedirme del ocio. Cuánto amaría las siestas acompañada.

Llegó Marzo, de a poco está llegando el otoño y yo no puedo dejar de pensar en esas tardes. Jamás me hubiera imaginado cómo sería mi vida hoy. Por más que uno quiera y trate hasta que no tenés a tu hijo en la casa no tenés idea. Nada se acerca a la realidad de convertirte en madre.

La nostalgia me invade. Me parece increíble lo rápido que pasa el tiempo. En un mes estaremos festejando cuatro años de esta aventura.

Tardes de escuchar esta canción y desear la presencia. Tardes de escuchar esta canción y emocionarme de ansiedad. Marzo en nostalgia pura. Siempre siempre sonaba esto…

DÍA DE LA MUJER

dia de la mujer

Hace poco leyendo Twitter, en el medio de una discusión sobre feminismo un muchacho con todo el respeto del mundo dijo “el feminismo apunta a la igualdad” y una muchacha salió a responderle algo así como “jajajaja pelotudo, fijate en el mundo que vivimos, si podés ver el poder que ejerce el hombre no vendrías con semejante pavada”. Estas palabras no son exactas, aunque si la frase contenía la palabra “pelotudo” para el muchacho y la explicación que cité. La respuesta vino de la mano de alguien que hoy cree tener la palabra del feminismo en sus manos. En fin.

Yo soy feminista desde que tengo uso de razón. ¿Cómo lo sé? Porque desde siempre supe que nací en un mundo donde por alguna razón a mi me pedían que ayuden con las cosas de casa y a mis hermanos no. Por ejemplo. Y si bien lo terminaba haciendo siempre fue preguntando en voz alta por qué sólo a mi se me pedía que ayude a mi vieja a levantar la mesa o limpiar los platos y no a mis hermanos. Jamás obtuve una explicación.
Si bien para nada justifico ese modo de actuar también comprendo que en aquellos días eso era “lo normal”. Por algún motivo madre e hija eran las que debían barrer, limpiar, cocinar y atender a los hombres de la casa. Y no sólo hablo de mi casa, esto también ocurría en casa de mis amigas. Salvo poquísimas excepciones. Hoy ya no se me pide semejante cosa porque los tiempos cambiaron y todos comprendimos que levantar un vaso no es cuestión de género.
Yo soy feminista porque creo en la igualdad de género. Jamás se me ocurriría pensar que alguien es más o menos que yo por ser hombre o por ser mujer. Entiendo que a pesar del avance que las mujeres hemos tenido en todos estos años todavía hay una gran diferencia por achicar. Así y todo para mi tenemos que luchar por la igualdad no por la superioridad futura de las mujeres.
Yo no quiero ser superior a un hombre yo quiero ser tratada de igual a igual. Quiero poder viajar con una amiga y que comprendan que lo hacemos en compañía y no “solas” porque nos falta un hombre a nuestro lado. Quiero poder tener relaciones con quien se me cante y que no me traten de puta. Quiero poder tener vida social y que no me pregunten dónde o con quién dejo a mi hija como si ser madre te anulara cualquier tipo de salida. Quiero que dejen de pensar que somos el sexo débil y usar esa frase como sinónimo cuando le sucede algo a un hombre (“llorás como una mujer”). Quiero dejar de escuchar los juicios de valor contra aquellas mujeres que deciden no ser madre. No hay frase que me parta más el corazón que “¿Para qué abrió las piernas?” Como si para un embarazo bastara sólo con la parte femenina. Jamás de los jamases escuché decir “¿Qué onda el pibe que no se cuido?” Siempre siempre las que no nos cuidamos las que nos embarazamos, las putas que abrimos las piernas somos nosotras. Quiero poder salir a la calle vestida como se me de la gana sin ser juzgada. Quiero no tener miedo cada vez que camino sola. Quiero poder conquistar y que nadie me trate de “buscona”. Quiero que mi trabajo sea remunerado por mi capacidad y no por una cuestión de género. Quiero que no me violen, no me maten y me respeten.
Si me queres decir feliz día hacelo. No me ofende. Pero sabé que no es un día para festejar sino que es un día para reflexionar. No hace falta que me pongas en el lugar de tu hermana, tu novia tu amiga o tu madre. Con que entiendas que ni a mi ni a vos nos define un sexo y los dos somos personas me alcanza.
Al menos este es mi punto de vista sobre este día.
Nada eso.