GIRL BOSS

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Últimamente estoy en bastante desacuerdo con las publicidades sobre maternidad. Y, en verdad, cuando digo “últimamente” creo que lo más sincero es decir que, hasta el momento, nunca encontré una publicidad sobre maternidad en la que me vea reflejada.

Acabo de ver una en la tele sobre un sitio para mujeres que deviene de un diario. Una de las frases que utiliza dice que nosotras sabemos que no hay igualdad en el trabajo pero así y todo podemos ser jefas y las mejores mamás. Disiento.

A ver, no es que no podamos ser jefas y madres presentes pero no entiendo por qué el tener que, una y otra vez, presionarnos porque las mujeres siempre tenemos que ser las mejores en todo. No existe una sola publicidad en la que se le diga al hombre que puede ser jefe y el mejor papá del mundo. Cierro los ojos por un segundo y no me imagino al presidente de una empresa cuestionado por su éxito y el poco tiempo que pase con sus hijos.

Yo soy mi propia jefa. De hecho, trabajo en casa. Así y todo no me siento ni un poco la mejor jefa y la mejor mamá. Porque aunque yo trabaje en casa y eso lleve a que pueda pasar tiempo con mi hija no significa que pueda estar con ella en las horas que trabajo. Incluso se hace más difícil porque todos los “no” a la hora de los juegos duelen. Cuando quiere que dibujemos juntas o bailemos o miremos una película y yo tengo que responderle que no porque estoy ocupada duelen. Ellos no entienden que no es un rechazo porque una no tiene ganas de jugar. Y esto es lo que me mata. Y ya cargo con suficiente culpa muchas veces para que una publicidad en la tele me quiere hacer creer que se puede ser la mejor jefa y la mejor mamá del mundo.

Digo, ¿no sería mejor si los publicistas se pusieran las pilas y muestren la realidad? Muchas marcas parecieran que quieren acercarse a nuestro mundo pero siempre la terminan arruinando con una frase inspiradora que de inspiradora no tiene nada.

Cuando volví a estudiar luego de que nació S. El primer día que salí de casa lo hice con un dolor y una culpa que no me cabía en el cuerpo. Lloré las primeras cinco cuadras camino a tomar el colectivo. Estoy un poco harta de este mundo que nos muestra como abandónicas cuando salimos a la calle a cumplir con nuestras obligaciones. Tengo ganas de decir que es hora de que eso cambie pero tengo los pies bien sobre la Tierra como saber que eso no va a ocurrir. Y siempre volvemos a Mad Men. En cierto punto nunca despegamos de ahí. Somos Betty de las primeras temporadas. La casa, los chicos, el perro, el jefe (hombre de la casa) impecable y haciendo las cosas con culpa.

 

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