MI FEMINISMO

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Cuando yo era chica la veía a mi madre hacer absolutamente todo en casa. Y cuando ella estaba cansada me pedían sólo a mi que la ayude. Siendo tres hijos (dos varones y yo) sólo a mi se me pedía que ayudara a levantar la mesa o lavar los platos. Siempre me hizo ruido y cada vez que pregunté nunca me explicaron por qué sólo yo debía ayudar siendo que había más personas en casa.
Yo no tenía ni la menor idea de lo que era el feminismo. Pero sabía que eso que pasaba estaba mal y comencé a revelarme. Entonces un día, frente a mis quejas, comenzamos a ayudar todos en casa.
La vida me hizo feminista sin saberlo.
En uno de mis trabajos había un profesor ultra machista y misógino. Todos festejaban sus chistes y le hacían caso a sus pedidos porque el tipo pesaba fuerte en el lugar. Una mañana había un problema en la ruta, algunos de los alumnos no podían llegar (fue la época que tuvimos humo durante días), otros esperaban. El tipo vino a la oficina y me dijo: “Carla, andá a servirle café a los alumnos que esperan”. Yo, hasta las manos de trabajo, le contesté: “Sí. Quedate tranquilo. Ahora me calzó los rollers, la bandeja y les llevo café”. Me di vuelta y seguí con mis cosas. El día que dejé la oficina todos mis compañeros me saludaron. Perdón, todos no. El tipo este no. Obvio.
Una vez más desde mi lugar. mi feminismo se hizo presente.
El feminismo lo hacemos entre todos comenzando desde uno. Al menos eso es lo que yo siento. No puedo mañana vestirme de negro y al rato tratar de puta a alguien. O hacer un comentario sobre las piernas que se tienen que comenzar a cerrar o preguntarme quién cuida a los hijos de una mujer que vemos sentada en algún lugar compartiendo un rato lejos de la maternidad. Tampoco puedo pensarme feminista si voy a salir a estilar odio contra el hombre.
Yo no quiero ser igual al hombre. Tampoco quiero que el hombre sea igual a mi. Yo quiero que exista una igualdad lisa y llana. Quiero que quienes decidan abortar puedan hacerlo sin que las llamen criminales y también quiero que las que deseen ser madre y entren a una clínica de fertilidad tampoco sean juzgadas.
Para que algo cambie primero tenemos que cambiar nosotros. O, al menos eso pienso. Está más que claro que todas estas cosas que nos conmueven a quienes realmente pueden hacer algo no les conmueve un carajo. Por eso estamos como estamos. Pero nunca sabemos qué nos puede deparar el destino. Quizás seamos nosotras las que estemos en ese lugar donde se puede hacer algo. O nuestros hijos.
Nada, eso.
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