ERMITAÑA

mi mama me lima

Dice el diccionario: “Persona que vive sola en un lugar deshabitado, especialmente para dedicar su vida a la oración y al sacrificio.”

El viernes tenía una cena con amigas. Salió ese mismo día (si mal no recuerdo). Pim pam pum, arreglamos. Bromeé en Twitter respecto de mi noche, le envié una foto  a una amiga mostrándole que me había pintado los labios y las uñas. Estaba lista. Medio me preparé como una se prepara para una cita. Hasta te diría, casi, con el mismo entusiasmo. Y justo justo cuando faltaba media hora para irme S. se puso un poco inquieta, hiperactiva. No se quedaba quieta, no hacía caso a nada por lo que terminé cansada y avisé a una de mis amigas que no pase a buscarme. Automáticamente me quité el maquillaje y la ropa para volver al pijama y a twitter y a ver pavadas en la tele. Cuando estaba totalmente de entrecasa los ánimos se calmaron y todo se convirtió en quietud.

No me acuerdo cuándo fue la última vez que cené afuera. Tampoco recuerdo cuándo fue la última vez que salí a tomar algo o a dar una vuelta. No tengo idea cuándo fue la última vez que mantuve una charla con alguien sin que me interrumpan. El año pasado, una tarde linda de septiembre me dieron ganas de tirarme un rato en el pasto. Recuerdo esas ganas y ese día porque hoy ¡mayo! todavía no pude hacerlo.

Hace unos días me cruce a un negocio que queda justo frente a casa y la chica me preguntó si me había mudado porque no me veía. Gusto de contarle a mis amigos que para mis vecinos debo ser algo así como un “mito urbano” porque jamás ando de paseo por la ciudad. Pero, una cosa es decir la ciudad y otra que mi vecina de enfrente me pregunte si me mudé.

Todo esto me hizo parar la moto y reflexionar. Entre nos, ayer llegué a googlear: “Motivos que hacen que no salga de casa”. Claramente no me identifiqué con nada que me tiró Google. Todo hablaba de depresión profunda y, la verdad, yo no me siento deprimida para nada. No estoy triste. No es que no tengo ganas de nada. Me levanto como todos los días, hago cosas como todo el mundo pero todo todo adentro de casa.  Me acostumbré demasiado al “ya que vas para el centro me comprás tal cosa”, “vos que no estás de entre casa, ¿vas al almacén a comprar unas galletitas?” Y no. No es así.

Hace un tiempo me puse como meta no andar de pijama y podría decir que lo logré. No en su totalidad pero la mayoría de días me levanto y me visto como si fuera a salir. Ahora tengo que proponerme dejar de pedir favores y salir a la calle yo. Cuando trabajás en tu casa se hace sumamente dificil. Bah, cuando trabajás en tu casa y, además, disfrutás enormemente estar en ella. Claro, no es que no lo disfrute. Es que quizás debería tomar un poco de aire.

Claramente este post es un recordatorio. Confío en que ustedes van a comenzar a preguntarme por dónde estuve.

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