TODAS ESAS COSAS

niños

Anoche mi querídisima amiga Gisela, más conocida en Twitter como @OhColores, tiró un tópico fuerte a su TL: ¿Qué es lo que más agota de ser padres? Leer las respuestas me hizo sentir acompañada en esta dura etapa por la que estamos atravesando. S. tiene cuatro años y, al parecer, está pasando por la “famosa adolescencia de los 4”. Y no hay día en que no se haga sentir, te atraviesa la paciencia. Leer la cantidad de padres que estamos en la misma un poco te acompaña.

Escucho a mi madre y amigas de madres y tías y toda persona mayor diciendo una y otra vez: “Ustedes cuando eran chicos no eran así. Les daba cualquier juguetito y se entretenían por horas. Era como no tener chicos en casa”. No sé si me mienten o realmente hubo un cambio grosso en algún momento de la evolución que hizo que hoy nazcan chicos superactivos, que no se conformen con nada y, por sobre todas las cosas, ¡demandantes!

Yo trabajo en casa, lo que hace que esté 24X7 con S. Y tengo casi comprobado que la demanda comienza en el momento en que una lo último que quiere es ser llamada. Puedo estar sentada cinco minutos mirando la nada pensando en nada y todo estará en silencio. Pero, basta que me proponga seguir trabajando o tratar de escuchar algo que están diciendo en la tele, para escuchar: “¡mamá!” (De hecho, acaba de llamarme mientras estoy escribiendo esto).

Tengo un master en levantada de juguetes. Es levantar, que tire todo y volver a levantar. Explicarle que tiene que ayudar. Quizás una o dos veces por semana lo hace pero estoy exagerando seguramente. “No puedo”, es una de las cosas que más escucho en el día junto con “mamá” y “estoy ocupada” cuando le pido que haga algo.

Yo soy indecisa pero nunca como mi hija a la hora del baño. Porque siempre es un no a la hora de meterse en la bañera y un no a la hora de salir. Discutir para que se bañe y discutir para que entienda que el agua está fría y no puede seguir jugando. Porque los niños nunca se dan cuenta del cambio de estaciones. O, quizás, es mi niña. Recién ahora estamos comprendiendo que ya no da andar descalza por la casa y que tampoco podemos seguir con la rutina de salir a jugar con agua al jardín.

Cocinar y que no quiera comer porque justo eso lo quería hace un rato pero ahora no.

El momento del juego. Que quiera jugar a pintar. Preparar todo hacer dos rayitas y ahora querer jugar con los muñecos, y después con los bloques (bloques que se reproducen a medida que avanza el juego y cuando vas a juntarlo terminás teniendo el doble de lo que sacaste en la bolsa en un principio). Armar rompecabezas todas las veces que sea necesario… el mismo.

Cuando llega la noche lo único que queres es un rato para vos. Silencio. Que nadie te hable. Me pasa de despertarme a la mañana temprano y quedarme acostada media hora en total silencio sólo mirando el techo por no poder creer estar con los  ojos abiertos y que nadie venga a pedirme nada. Bueno, llegué a quedarme más de media hora. ¿Para qué les voy a mentir?

Igual sí. Cuando por algún motivo tengo que pasar todo el día fuera de casa la extraño y casi que necesito que alguien me diga mamá. Y en una reunión ante un llamado me encontré diciendo: “¿Qué, mi amor?” El gata florismo maternal que le dicen .

 

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