A new hope

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Y sí. Prácticamente estamos en condiciones de despedir este 2015. Pasó rápido. Sí, claro.

Estuve sin internet toda la semana pasada. Después de la tormenta del martes, me desperté e internet se había ido. Pensé que terminaría este año sin conexión pero no. Hoy vino “El Mesías” así lo llamé al técnico que se río cuando le dije que no tenía idea de qué me estaba hablando cuando me contaba que, si en algún momento se me quema el transformador (fue lo que pasó el martes) tengo que fijarme no sé qué código porque lo importante es la potencia. “No tengo idea de qué me estás hablando” es un hit cada vez que viene gente a trabajar a casa.

Hace más de una semana vino el plomero que me explicaba no sé qué cosa de un caño que perdía. Le dije que haga lo que tenga que hacer, que para mí todo era chino básico y que no iba a entender por más que me lo explique. Me pasa mucho de no entender las cosas que no tengo ganas de entender. Eso me pasó durante todo el secundario con matemáticas. La profesora podía desvivirse por explicarme el Teorema de Pitágoras y no había caso. Matemáticas era una materia que siempre rendí en febrero cuando aprendía por obligación. Lo loco fue que el último año terminé con diez. Quizás fue la ansiedad por egresar de una vez y no ver un número más en mi vida. Bah, un teorema. O lo que sea.

Cuando te quedás sin internet te volvés productivo. MUY. Aproveché para terminar de leer Tokio Blues. Cuando dije que lo leería recibí varios comentarios diciéndome al unísono lo hermoso que era. Me faltan muy poquitas páginas y no termina de convencerme. Una amiga me dijo que es porque es una historia para adolescentes. Puede ser. Creo que, lo único que le encuentro de fascinante son los momentos en el que el protagonista me cuenta cosas sobre Japón. O también puede ser que, cada día que pasa, me harta un poquito más todo lo cursi. No le creo a ese falso sentimiento de amor. Cuando yo amo soy muy cursi pero no conozco otra persona que sea cursi al amar. Yo qué sé.

Caí en la cuenta que mire muy pocas películas (26) y leí siete libros. Soy un fiasco. Bah, en verdad este año la maternidad me ganó. ¿Este quilombo de carácter y despelote comienza a los tres y se va a los cuatro? ¡Por favor díganme que sí! ¡Necesito leerlo! Pueden mentirme. No importa.

¡Feliz año!

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