Confusión

A veces cuesta más ponerle un título a lo que uno escribe que escribir en sí. Particularmente me costó poner el título de esta entrada quizás por lo que significa todo lo que pasó o lo que no. En fin.
El padre de mi hija estuvo a punto de morir hace poco más de un mes. La noticia me llegó como un teléfono descompuesto, avisándome que el que estaba mal era el abuelo. Más tarde me llamó una amiga para decirme que no, que el que estaba mal era el papá de mi hija. Y cada vez que me refiero a él como papá en realidad siento como si estaría hablando de mi misma, y me veo a mi que también soy papá de Sophie y no a la persona que “puso la semillita” O como sea que la gente a veces le explica a los niños como llegamos a este mundo.
Lo que duró la conversación telefónica con mi amiga no me sentí ni mal ni bien. Solo sentía que me estaban hablando de alguien lejano, como un tema de conversación que se coló vaya a saber por qué. Pero a medida que fueron pasando los minutos sentí en mi un torbellino de sentimientos que creció y creció hasta convertirse en una tormenta de tristeza, de bronca, de todo.
El solo hecho de poder perderlo hizo que me diera cuenta que muy en el fondo de mi corazón vivía la esperanza que S. algún día pueda mirar a los ojos a esa persona que contribuyo para que ella llegara a este mundo. Y si él se moría ella no iba a poder hacerlo nunca más. Nunca le conocería su voz, sus ojos, su integridad. No podía concebir la idea que eso ocurriera. Y en realidad que viva tampoco es garantía que pasara pero al menos existe la posibilidad que algún día decida verlo y poder golpear una puerta y que este él del otro lado y se miren a los ojos por primera vez.
Según su familia él pensó en ella en ese estado de final. No tuvo mensaje ni para ella ni para mi. Pero a mi no me importa, no siento que él necesite decirme nada a mi ¿para qué? a esta altura no hay lugar si quiera para un perdón porque todo lo que no hizo dolió tanto como para que fueran heridas que sangraran por siempre y no hay perdón que las cure.
Lloré mucho. Pensé mucho en él, en los momentos lindos, me enfoqué en nuestras risas, nuestras charlas lindas, para que no se vaya. Para que toda esa energía le llegue. Y le llegó.
Ahora solo se que esta bien. Ya no se si volvió a pensar en mi hija pero me siento tranquila que la oportunidad sigue ahí dando vueltas, esperándola a ella.

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2 comentarios en “Confusión

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