PANZA

Mi amiga M. le puso Panza al bebé cuando no sabíamos si era nene o nena, me gustó, comencé a llamarlo así y todos lo llamaron así durante los nueve meses. ¿Por qué? Porque solo una vez se dejo ver, el obstetra vaticinó niña pero me dijo que para estar seguros esperemos una eco más y de ahí en adelante no dejó verse nunca más. Lo gracioso era que durante  la espera en el pasillo mi panza era un candombe pero me recostaba en la camilla y chau, no había forma.

Por esto mismo, el día que nació tuve que pedirle a la partera que me diga que era “como no sabes?” me dijo.

Si bien todo el mundo trató de convencerme que tuve un embarazo hermoso, ya que no se notaban los kilos de más “estas igual pero con panza”, jamás me descompuse, nada de vómitos  nauseas, nada. Tome mate durante los nueve meses, no me hizo asco ninguna comida, no comí la que no me gustaba. Yo no disfrute del todo esa etapa ¿por qué? porque, por ejemplo, me tuvieron que sacar una muela, pero la odisea que fue antes de que me sacaran la muela fue horrible. Porque el dentista me pidió una autorización del obstetra y hasta que pude conseguirla el dolor que tuve que soportar no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Pero bueno. Y ni te cuento la culpa que tenía de estar tomando medicamentos a pesar de estar recetados y de tener el visto bueno de que nada iba a ocurrirle a la criatura.

Es que toda tu vida te taladran con la información de que durante el embarazo no podes tomar nada, no podes comer determinadas cosas y cuando te das cuenta que en realidad no es así te preguntas para que tanta data al pepe. Lo mismo con la cerveza, mi obstetra me dijo que siempre y cuando no me emborrache podía tomar uno o dos vasos, igualmente no tome nada de nada.

Otro tema son los pies, a mi la retención de líquidos me pegó mal, tanto que me obsesioné y embarazada que veía lo primero que hacía era mirarle los pies a ver que onda, la mayoría los tenían divinos y las odiaba, no podía entender por qué a mi. Mi mamá me dijo que ni bien naciera la pequeña iba a desaparecer, pero no… me duró una semana más.

Y por último, la agilidad. Quizás uno en este momento, ponele, no le das importancia a la agilidad pero cuando la perdes no sabes lo horrible que es. No poder agacharte  a agarrar algo que se te cayó o algo que necesitas que esta muy cerca del piso, no poder darte vuelta en la cama, no poder bajarte fácilmente de la cama.

Lo único bueno, como le dije a una mamá bloguera ayer es la conexión. El bebé durante el embarazo, es tuyo y solo tuyo y te volves tan privilegiada y tan egoísta que te pasa que estas con gente y no le decís que se esta moviendo porque es una caricia que te regala para vos y no una monería para que todos digan “aaaaah que lindo”. Es tuyo y solo tuyo, y te acompaña a todos lados, nunca te deja sola. Eso es hermoso. Y si, también la adoración que hay en torno a vos, ficticia porque una vez que parís fuiste, nadie te conoce o te reconocen por la mina que tiene que alimentar a esa hermosura y nada más.

En fin, toda una aventura el embarazo.

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