BETTER THINGS

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Probablemente, si se tratara de otra serie, no estaría acá escribiendo sobre Better things. Pero apenas transcurrido el primer minuto del piloto no dudé un segundo en que el post sobre la nueva serie de Pamela Adlon lo iba a escribir en este blog.

Pongámonos en contexto. Better things es la nueva serie escrita por Pamela Adlon y Louis CK. Protagonizada, en este caso, sólo por Pamela. Y digo, en este caso porque a esta dupla ya tuvimos el placer de verla en Lucky Louie. La sitcom creada por CK que nos muestra la vida de una familia de clase media de Estados Unidos. En aquella ocasión ambos son protagonistas junto con una pequeña cuyo personaje se llama Lucy. Años más tarde, nos volvemos a cruzar con ellos en Louie. La serie que cuenta la historia de un padre de dos niñas, divorciado. A Pamela la conoce en una de las reuniones de colegio ya que ella es la mamá de uno de los compañeros de su hija menor. A través del tiempo pudimos ver a Louie y a Pamela en rol pareja, en rol padres separados y, ahora, es el turno de ver sólo a Adlon caracterizando a una madre de tres hijas.

Better things cuenta la historia de una mamá soltera. Ella es Sam y es actriz. Tiene tres hijas (Max, Frankie y Duke) y un ex, casi ausente. En una charla ella cuenta que hace un mes que las niñas no ven a su padre. Claramente se ve su lucha en el día a día para desvivirse por sus hijas y, a la vez, tratar de encontrarse ella como mujer.

Como dije al comienzo, desde el primer minuto supe que acá iba a hablar de Better things porque una de las primeras cosas que nos muestra la serie es la mirada del otro frente a la crianza de nuestros hijos. Cuando arranca la primera escena vemos a Sam sentada en un banco usando su celular mientras su hija menor no para de llorar y una señora sentada a su lado la mira de una manera totalmente prejuiciosa. Duke llora porque la madre no quiso comprarle unos aros de seis dolares. Ante la mirada inquisidora de la mujer sentada a su lado, Sam le dice el motivo por el cual su hija llora y le retruca: “¿Quiere ir usted y comprarle los aros de seis dolares?” PAMELA ADLON SOS MI HEROÍNA. No existe madre en la Tierra que no pueda llegar a sentirse interpelada con esa escena, tan típica, tan cotidiana de nuestras vidas.

Creo que la única diferencia entre Better things y mi vida es que yo no soy actriz y no tengo tres hijas sino una. Después, todo lo que pude ver en los veintidós minutos que duró el piloto fue como estar mirando mi día a día en la pantalla. Desde el momento de “privacidad” de Sam mensajeándose con alguien hasta la escena en la que se acuesta al lado de Duke para hacerla dormir y que la hija le acaricie el pelo para adentrarse en los sueños. Todo tiene una parte de mi y déjenme decirle que me encantó.

Las historias de familia son muy lindas. Ver el día a día de las parejas. Como pelean porque “bañá vos al nene”, “no bañalo vos”. O esas escenas de “al fin solos”. Todo bien. Pero yo necesitaba algo que me muestre la vida de una madre soltera que carece de tiempo. Que para tener una cita tiene que hacer malabares. De hecho, me leo ahora mientras escribo y creo que debería poder venir acá y hablar un poco también de ese costado. Bueno, vamos de a poco.

Háganse un favor y vean Better things. Todos los jueves se van a encontrar con un nuevo episodio. Lo emite FX. Después me cuentan.

ERMITAÑA

mi mama me lima

Dice el diccionario: “Persona que vive sola en un lugar deshabitado, especialmente para dedicar su vida a la oración y al sacrificio.”

El viernes tenía una cena con amigas. Salió ese mismo día (si mal no recuerdo). Pim pam pum, arreglamos. Bromeé en Twitter respecto de mi noche, le envié una foto  a una amiga mostrándole que me había pintado los labios y las uñas. Estaba lista. Medio me preparé como una se prepara para una cita. Hasta te diría, casi, con el mismo entusiasmo. Y justo justo cuando faltaba media hora para irme S. se puso un poco inquieta, hiperactiva. No se quedaba quieta, no hacía caso a nada por lo que terminé cansada y avisé a una de mis amigas que no pase a buscarme. Automáticamente me quité el maquillaje y la ropa para volver al pijama y a twitter y a ver pavadas en la tele. Cuando estaba totalmente de entrecasa los ánimos se calmaron y todo se convirtió en quietud.

No me acuerdo cuándo fue la última vez que cené afuera. Tampoco recuerdo cuándo fue la última vez que salí a tomar algo o a dar una vuelta. No tengo idea cuándo fue la última vez que mantuve una charla con alguien sin que me interrumpan. El año pasado, una tarde linda de septiembre me dieron ganas de tirarme un rato en el pasto. Recuerdo esas ganas y ese día porque hoy ¡mayo! todavía no pude hacerlo.

Hace unos días me cruce a un negocio que queda justo frente a casa y la chica me preguntó si me había mudado porque no me veía. Gusto de contarle a mis amigos que para mis vecinos debo ser algo así como un “mito urbano” porque jamás ando de paseo por la ciudad. Pero, una cosa es decir la ciudad y otra que mi vecina de enfrente me pregunte si me mudé.

Todo esto me hizo parar la moto y reflexionar. Entre nos, ayer llegué a googlear: “Motivos que hacen que no salga de casa”. Claramente no me identifiqué con nada que me tiró Google. Todo hablaba de depresión profunda y, la verdad, yo no me siento deprimida para nada. No estoy triste. No es que no tengo ganas de nada. Me levanto como todos los días, hago cosas como todo el mundo pero todo todo adentro de casa.  Me acostumbré demasiado al “ya que vas para el centro me comprás tal cosa”, “vos que no estás de entre casa, ¿vas al almacén a comprar unas galletitas?” Y no. No es así.

Hace un tiempo me puse como meta no andar de pijama y podría decir que lo logré. No en su totalidad pero la mayoría de días me levanto y me visto como si fuera a salir. Ahora tengo que proponerme dejar de pedir favores y salir a la calle yo. Cuando trabajás en tu casa se hace sumamente dificil. Bah, cuando trabajás en tu casa y, además, disfrutás enormemente estar en ella. Claro, no es que no lo disfrute. Es que quizás debería tomar un poco de aire.

Claramente este post es un recordatorio. Confío en que ustedes van a comenzar a preguntarme por dónde estuve.

COMO SPIDERMAN

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Así como alguna vez le dijeron a Spiderman que un gran poder conlleva una gran responsabilidad supe desde siempre que ser madre era eso justamente. Pero creo que, hasta que no estás dentro del baile, no sabes realmente lo que es la responsabilidad. Si, claro que un montón de cosas te ponen en marcha pero hasta que no te pasa no tenés ni la más remota idea de qué estamos hablando.

Hace unos días, mirando un programa en la tv, escuché a una chica decir que ella nunca se pone de novia porque no le gusta que nadie dependa de ella (ni ella tampoco tener que depender de nadie). La entendí profundamente porque toda la vida me pasó lo mismo. Aunque muchos se tomen las relaciones a la ligera, para mí, es un peso detenerme a pensar en alguien dependiendo de mi. Me aterra pensar en dar un mal paso y terminar lastimando, sin querer, a una persona. Posiblemente lo he hecho. No tengo idea. Tal vez tener buena relación con quienes en algún momento compartí mi vida puede hacerme creer que jamás llegué a lastimar a nadie. Pero no tengo la seguridad. En fin.

La cuestión es que, a veces, la responsabilidad que conlleva ser madre me sobrepasa y, un poco, me paraliza. Para qué les voy a mentir. De hecho, me está pasando. Rait nau. Claramente la responsabilidad materna es algo de lo que no podés escapar. Está ahí todo el tiempo dando vueltas. Ser la única a la hora de tomar decisiones, de luchar ante un problema, de lograr que ese pequeño ser que un día salió de tu vientre lleve una linda vida. A veces me pasa no poder permitirme estar triste cuando lo necesito. Y cuando digo triste es estar tirada todo un día en la cama mirando el techo o una serie o escuchando música o dibujando o lo que sea. Porque todos los días tengo que estar al pie del cañón, lista para comenzar el día y acudir a cada llamado.

Mientras escribía este post S. me llamó porque quería ir a dormir. Perdí el hilo. No se cómo iba a terminar. Sabran entender. Cuando lo recuerde escribiré el volumen 2 de esta entrada. *honestidad brutal*

TODAS ESAS COSAS

niños

Anoche mi querídisima amiga Gisela, más conocida en Twitter como @OhColores, tiró un tópico fuerte a su TL: ¿Qué es lo que más agota de ser padres? Leer las respuestas me hizo sentir acompañada en esta dura etapa por la que estamos atravesando. S. tiene cuatro años y, al parecer, está pasando por la “famosa adolescencia de los 4”. Y no hay día en que no se haga sentir, te atraviesa la paciencia. Leer la cantidad de padres que estamos en la misma un poco te acompaña.

Escucho a mi madre y amigas de madres y tías y toda persona mayor diciendo una y otra vez: “Ustedes cuando eran chicos no eran así. Les daba cualquier juguetito y se entretenían por horas. Era como no tener chicos en casa”. No sé si me mienten o realmente hubo un cambio grosso en algún momento de la evolución que hizo que hoy nazcan chicos superactivos, que no se conformen con nada y, por sobre todas las cosas, ¡demandantes!

Yo trabajo en casa, lo que hace que esté 24X7 con S. Y tengo casi comprobado que la demanda comienza en el momento en que una lo último que quiere es ser llamada. Puedo estar sentada cinco minutos mirando la nada pensando en nada y todo estará en silencio. Pero, basta que me proponga seguir trabajando o tratar de escuchar algo que están diciendo en la tele, para escuchar: “¡mamá!” (De hecho, acaba de llamarme mientras estoy escribiendo esto).

Tengo un master en levantada de juguetes. Es levantar, que tire todo y volver a levantar. Explicarle que tiene que ayudar. Quizás una o dos veces por semana lo hace pero estoy exagerando seguramente. “No puedo”, es una de las cosas que más escucho en el día junto con “mamá” y “estoy ocupada” cuando le pido que haga algo.

Yo soy indecisa pero nunca como mi hija a la hora del baño. Porque siempre es un no a la hora de meterse en la bañera y un no a la hora de salir. Discutir para que se bañe y discutir para que entienda que el agua está fría y no puede seguir jugando. Porque los niños nunca se dan cuenta del cambio de estaciones. O, quizás, es mi niña. Recién ahora estamos comprendiendo que ya no da andar descalza por la casa y que tampoco podemos seguir con la rutina de salir a jugar con agua al jardín.

Cocinar y que no quiera comer porque justo eso lo quería hace un rato pero ahora no.

El momento del juego. Que quiera jugar a pintar. Preparar todo hacer dos rayitas y ahora querer jugar con los muñecos, y después con los bloques (bloques que se reproducen a medida que avanza el juego y cuando vas a juntarlo terminás teniendo el doble de lo que sacaste en la bolsa en un principio). Armar rompecabezas todas las veces que sea necesario… el mismo.

Cuando llega la noche lo único que queres es un rato para vos. Silencio. Que nadie te hable. Me pasa de despertarme a la mañana temprano y quedarme acostada media hora en total silencio sólo mirando el techo por no poder creer estar con los  ojos abiertos y que nadie venga a pedirme nada. Bueno, llegué a quedarme más de media hora. ¿Para qué les voy a mentir?

Igual sí. Cuando por algún motivo tengo que pasar todo el día fuera de casa la extraño y casi que necesito que alguien me diga mamá. Y en una reunión ante un llamado me encontré diciendo: “¿Qué, mi amor?” El gata florismo maternal que le dicen .

 

NOS VAMOS DE FERIA

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El domingo voy a participar con Hey Mama Wolf en la primera Pequeña Feria de Emprendedores del año y estoy MUY nerviosa. Ayer lo largué como un grito catárquico en Twitter y la bella de Seelvana me pasó un link de su blog donde habla acerca de sus miedos cuando fue a su primera feria. Me ayudo muchísimo.

No sólo me encontré reflejada en esa listita de temores sino que logré reparar en otras cosas en las que no había pensado. Por ejemplo: ¡Qué me voy a poner! O que debo preparar el mate.

No es que esta sea mi primera feria *es la cuarta* pero así y todo me da miedo. No estamos en una buena situación del país y eso influye en mis temores, por supuesto. El miedo mayor es el no vender nada, aunque tenés que tener mucha mala suerte para que eso ocurra. Bueno, en la primera me pasó. Mala suerte de principiantes quizás. No lo sé. Tampoco tengo muchas ganas de pensarlo en este momento.

Todo esto es para decirles que si andan por Capital el domingo los y las espero en Espacio Machado (Machado 617). De 16 a 20 nos encuentran. ♥ Si quieren hacer algún pedido especial pueden consultarme en heymamawolfdesign@gmail.com 

¿Nos vemos? ☺

ESPERAR

Algo siempre me unió a Abril. No sé qué. Nunca lo supe bien. Bueno, una vez me enamoré perdidamente de alguien que cumple años en Abril, pero así y todo ese mes me gustaba desde hacía mucho.

El año que quedé embarazada puede que haya sido el año más productivo de mi vida. Estudiaba y trabajaba. El único día libre de la semana era el sábado. En esas veinticuatro horas me repartía para hacer trabajos prácticos, leer fotocopias, eventualmente estudiar para parciales y, muy rara vez, para vivir. Cursaba once materias. Una locura. Entre toda esa vorágine quedé embarazada.

Me propuse así y todo rendir todos los finales entre Diciembre y Marzo. Terminé por rendir sólo uno en Diciembre. Seguí trabajando hasta que comenzó la licencia y, en ese momento, jamás me sentí tan rara en mi vida.

Llegó Marzo y todos volvieron a sus rutinas y yo con una panza enorme a punto de explotar sólo iba de un lado para el otro. Miraba películas, escuchaba música, hacía listas interminables de cosas para comprar. Ultimaba detalles para la llegada de mi hija.

Las tardes era rarísimas porque me quedaba sola en casa. Solía sentarme en el comedor y pasaba horas tratando de imaginar cómo sería mi hogar con la llegada del bebé. Cómo sería no volver a tener más tiempo para mi. Cómo sería despedirme del ocio. Cuánto amaría las siestas acompañada.

Llegó Marzo, de a poco está llegando el otoño y yo no puedo dejar de pensar en esas tardes. Jamás me hubiera imaginado cómo sería mi vida hoy. Por más que uno quiera y trate hasta que no tenés a tu hijo en la casa no tenés idea. Nada se acerca a la realidad de convertirte en madre.

La nostalgia me invade. Me parece increíble lo rápido que pasa el tiempo. En un mes estaremos festejando cuatro años de esta aventura.

Tardes de escuchar esta canción y desear la presencia. Tardes de escuchar esta canción y emocionarme de ansiedad. Marzo en nostalgia pura. Siempre siempre sonaba esto…

DÍA DE LA MUJER

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Hace poco leyendo Twitter, en el medio de una discusión sobre feminismo un muchacho con todo el respeto del mundo dijo “el feminismo apunta a la igualdad” y una muchacha salió a responderle algo así como “jajajaja pelotudo, fijate en el mundo que vivimos, si podés ver el poder que ejerce el hombre no vendrías con semejante pavada”. Estas palabras no son exactas, aunque si la frase contenía la palabra “pelotudo” para el muchacho y la explicación que cité. La respuesta vino de la mano de alguien que hoy cree tener la palabra del feminismo en sus manos. En fin.

Yo soy feminista desde que tengo uso de razón. ¿Cómo lo sé? Porque desde siempre supe que nací en un mundo donde por alguna razón a mi me pedían que ayuden con las cosas de casa y a mis hermanos no. Por ejemplo. Y si bien lo terminaba haciendo siempre fue preguntando en voz alta por qué sólo a mi se me pedía que ayude a mi vieja a levantar la mesa o limpiar los platos y no a mis hermanos. Jamás obtuve una explicación.
Si bien para nada justifico ese modo de actuar también comprendo que en aquellos días eso era “lo normal”. Por algún motivo madre e hija eran las que debían barrer, limpiar, cocinar y atender a los hombres de la casa. Y no sólo hablo de mi casa, esto también ocurría en casa de mis amigas. Salvo poquísimas excepciones. Hoy ya no se me pide semejante cosa porque los tiempos cambiaron y todos comprendimos que levantar un vaso no es cuestión de género.
Yo soy feminista porque creo en la igualdad de género. Jamás se me ocurriría pensar que alguien es más o menos que yo por ser hombre o por ser mujer. Entiendo que a pesar del avance que las mujeres hemos tenido en todos estos años todavía hay una gran diferencia por achicar. Así y todo para mi tenemos que luchar por la igualdad no por la superioridad futura de las mujeres.
Yo no quiero ser superior a un hombre yo quiero ser tratada de igual a igual. Quiero poder viajar con una amiga y que comprendan que lo hacemos en compañía y no “solas” porque nos falta un hombre a nuestro lado. Quiero poder tener relaciones con quien se me cante y que no me traten de puta. Quiero poder tener vida social y que no me pregunten dónde o con quién dejo a mi hija como si ser madre te anulara cualquier tipo de salida. Quiero que dejen de pensar que somos el sexo débil y usar esa frase como sinónimo cuando le sucede algo a un hombre (“llorás como una mujer”). Quiero dejar de escuchar los juicios de valor contra aquellas mujeres que deciden no ser madre. No hay frase que me parta más el corazón que “¿Para qué abrió las piernas?” Como si para un embarazo bastara sólo con la parte femenina. Jamás de los jamases escuché decir “¿Qué onda el pibe que no se cuido?” Siempre siempre las que no nos cuidamos las que nos embarazamos, las putas que abrimos las piernas somos nosotras. Quiero poder salir a la calle vestida como se me de la gana sin ser juzgada. Quiero no tener miedo cada vez que camino sola. Quiero poder conquistar y que nadie me trate de “buscona”. Quiero que mi trabajo sea remunerado por mi capacidad y no por una cuestión de género. Quiero que no me violen, no me maten y me respeten.
Si me queres decir feliz día hacelo. No me ofende. Pero sabé que no es un día para festejar sino que es un día para reflexionar. No hace falta que me pongas en el lugar de tu hermana, tu novia tu amiga o tu madre. Con que entiendas que ni a mi ni a vos nos define un sexo y los dos somos personas me alcanza.
Al menos este es mi punto de vista sobre este día.
Nada eso.

UN AÑO CONMIGO

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Tengo mil temores que me brotan desde los poros. Nunca no me despierto con miedos. Hablo de mi vida profesional.

Antes de ser madre siempre fui bastante “hippie”, por decirlo de alguna manera, con el dinero. Hace unos cuantos años trabajaba en una oficina donde me explotaban groso. Yo trabajaba muchísimo con la tonta idea de ser reconocida en algún momento. Tenía media jornada pero la mayoría de los días realizaba jornada completa. Jornada que, raramente, me pagaban. Una vez me dijeron, ante mi reclamo, que podía llegar a haber una posibilidad de despedido y así fue, me despidieron. Cuando todos me daban “el pésame” yo respondí que no tenía hijos, no tenía por qué preocuparme. Prefería estar sin trabajo a seguir en esa oficina. Siempre mi despreocupación se debió a no ser madres. Mis gastos de siempre se relacionaron con discos, con libros y alguna eventual escapada a algún lado. Por ende, nunca tuve que matarme laburando para cubrir mis caprichos de mujer sin hijos.

No soy pretenciosa, ni nunca lo seré. Estoy segura y sé que siempre resistiré un archivo. Pero hoy soy madre y sostén de familia y las prioridades y gastos cambian. Para los que no son argentinos les cuento que el país está atravesando por un cambio drástico y nada bueno. Las cosas están cada vez más caras. El nivel de vida se fue a las nubes y ESO hace que no haya un día en que abra los ojos y me despierte con miedo. *Atendeme la catársis que me estoy mandando*.

Estoy más que segura que mi miedo es el de muchos. Hoy ser emprendedora no es fácil. No es que en algún momento lo haya sido, pero hoy, es muchísimo más difícil. O, al menos, yo lo vivo de esa manera. Tiene sus pro y sus contra, como todo. Pero día a día lo elijo. No desmiento estar en la búsqueda de un trabajo a medio tiempo, pero también creo que si llega es más fuerte que yo no abandonar el barco de Hey Mama Wolf. Aunque a veces se vuelva insostenible económica y mentalmente vale la pena el esfuerzo. De no haberme subido a este catamaran, seguramente, me hubiera perdido muchas cosas en lo que respecta el crecimiento de S. Ser una mamá presente todos los días es un beneficio que no todas pueden tener. Y más allá de mi maternidad, HMW, me llevó a ser reconocida como artista por ejemplo. Algo que no pensé jamás pero que así ocurrió y ni más ni menos que en Nueva York. El 2014 en la Primera Exhibición Mundial de Amigurumis. Una anécdota para contar a mis nietos (si es que los tengo) en un futuro. También conocí muchas personas y un poco aprendí a levantarme cada vez que caí. Como ahora. Esa es la verdad, me siento un poco caída pero con fuerzas para levantarme y volver a andar.

Hace unos días, surfeando en la net me encontré con el blog de una chica que realiza muñecas de tela. En uno de sus post explicaba con detalles cómo abrir una tienda en Etsy. Ella se llama Isabela Guzmán y sus marca es Mandarina de Tela. Leerla me dio el empujón para abrir mi propia tienda Etsy. Me pareció tan copado y humilde lo que hizo. No es que todos sean canutos con la información pero, sorry, los emprendedores argentinos no se destacan por ayudarte a disipar dudas cuando las tenés. Yo creo que, sin pisarnos el poncho, entre todos podríamos darnos una mano cuando nos surge una duda. Y lo digo con conocimiento de causa. Porque me pasó de tener una duda hace unos años y encontrar la respuesta fue como tratar de encontrar una aguja en un pajar.

Si quieren leer el post sobre cómo abrir una tienda Etsy pueden hacerlo acá. Ese mismo post lo llevará a conocer su marca y sus muñecos que son increíblemente hermosos.

Ahora si quieren visitar mi tienda Etsy pueden hacerlo desde acá. Y si tienen alguna duda respecto de emprender también pueden preguntarme. Antes lo decía a menudo, bueno ahora volví hace poco al blog y se los reitero.🙂 Y también si quieren seguir mi marca en Instagram pueden hacerlo acá.

Que tengan hermoso fin de semana.

UNA TARDE CON PAPÁ

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Munchis recién abría sus puertas. Su primera cede. Queda cerca de mi casa. No recuerdo el año pero si que yo era chica. Quizás doce o trece u once. No lo sé. Tenía plata. Seguramente esas monedas que una se guarda del vuelto cuando tus viejos te mandan a hacer las compras. Tenía muchas ganas de tomar helado y lo invité a mi papá.

Con mi viejo no solemos ser compinches. Cuando era chiquita bromeaba con los novios que vendrían a casa pero yo siempre sería la nena de papá. Crecí y casi no nos hablamos. Somos muy diferentes. Demasiado. A veces esas diferencias traen consigo roces. El mundo estalla. Y luego, durante un tiempo prolongado, ninguno de los dos dice nada más.

Estoy completamente segura que, si hoy le preguntaran a mi viejo sobre esa tarde en Munchis no la recordaría. Tomamos helado en la pérgola. Desde que abrieron Temaikén esa parte ya no existe. Era la heladería más linda. No tecuerdo por qué elegí ir con él. Tampoco qué hablamos ese día. Sólo tengo en la mente la fotografía de nosotros dos en la pérgola, tomando helado, mirando el falso lago.

Cuando quedé embarazada, para decírselo, esperé estar a solas con él. Fue un sábado a la tarde. Él miraba fútbol en la tele. Le dije que teníamos que hablar. Apenas asintió con la cabeza. Le dije que era importante. Levanté la voz en “importante” y apagó la tele. Los nervios que sentí en ese momento pocas veces lo sentí en mi vida. Tener que decirle a mi viejo que estaba embarazada. Su única hija mujer iba a ser madre. Fue difícil pero cuando pronuncié la confesión se largó a llorar. Yo le dije que no se pusiera mal, que todo iba a estar bien y entonces me dijo: “Lloro porque estoy feliz”. Y lloramos juntos.

Creo que fue la última persona en enterarse. A partir de ese momento se me llenó el alma de valentía, de seguridad. Cuando volvió de acompañar a mi vieja lo hizo con una minipimer “para hacerle la papilla al bebé” y pedimos comida. La que yo eligiera. Los mimos y los regalos no pararon más. Hasta que nació S., claro, y medio que todo el amor se fue para ella.

El domingo a la noche comenzó a dolerme la garganta. Una molestia. Cuando me miré tenía placas y confirmé la angina. El lunes a la tarde *ayer* le pedí a mi viejo si me llevaba a la guardia para que me recetaran algo para las placas. Tipo seis y media fuimos. El viaje de ida fue en silencio. Sólo le hablé para decirle que bajé el aire. Porque, claro, tenía angina y no ayudaba a mi malestar. El frío en el pecho me estaba matando. No sé dió cuenta. Es despistado. Él aprovechó a tomarse la presión mientras me atendía una doctora super copada que se alegró que no me duela la garganta en ese momento. Ni tenía fiebre. Pero que si tenía tome novalgina.

Con la receta en la mano le pedí que me llevara a la farmacia. El viaje era ahora un poco más largo. Y si bien veníamos escuchando radio y no había necesidad de hablar tuve ganas de contarle en qué andaba mi vida. No lo hago jamás. Tanto su vida para mi, como mi vida para él es misterio. Ninguno de los dos sabe mucho del otro. En eso sí nos parecemos demasiado.

Comenzamos a hablar de mi marca y mis clases en ENERC. Me contó que tenía ganas de comprar una filmadora para que hiciéramos un corto y así poder participar del Festival de Cortos que se realiza una vez por año en Escobar. Me sorprendió. Mi viejo en su juventud participó en una película. Nunca la vi. Mi vieja si. Vecinos escobarenses que también la vieron me dicen que mi viejo está bien. Se estrenó en un viejo cine de Escobar que ya no existe. El cine Rex. Escobar al día de hoy es una ciudad sin cine y yo no lo puedo creer.

Hablamos de mis amigos. Me pidió conocerlos. No es que no los conozca pero, hay muchísimos que no. Cuando salí de la farmacia él hablaba con un matrimonio amigo y me los presentó. No soy muy sociable y me cuesta poner cara de qué bien la estoy pasando mientras mi viejo me halaga y le cuenta a sus amigos lo genial que soy para él.

Cuando volvimos a casa una canción nos dejó en silencio hasta que él se puso a cantar y yo lo miraba. Ojalá todos los días con él fueran así.

FIRST COMES LOVE

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Anoche no sabía qué mirar y busqué un documental. No sé por qué pero vengo viendo documentales casi todas las noches. En lo que va del mes ya miré: varios de David Bowie, Finding Vivian Maier y Joe Strummer: the future is unwritten. Me encantan.  Estaba buscando algo así cuando me topé con First comes love.

First comes love es un documental realizado por la cineasta Nina Davenport y cuenta sobre su deseo de ser madre, mostrándote todo el procesamiento de fertilización, elección de donante y cómo vive el primer año de vida de su hijo siendo madre soltera.

Hace poco se instaló el tema debido a la decisión de Juana Repetto de pasar por la misma situación. Tenía ganas de abordar esta cuestión pero no sabía cómo o no estaba preparada. Ya que es algo que me toca en primera persona.

Yo soy madre soltera. Mi decisión no fue tomada con anticipación. No fue algo que haya planeado. En septiembre del 2011 quedé embarazada, el padre de mi hija decidió no hacerse cargo de la situación y yo seguí sola. Desde el mismísimo momento en que presentí estar embarazada, mucho antes de hacerme el test supe que, de ser positivo el resultado seguiría adelante acompañada o no. Y así fue.

En su momento amigos y familiares me llamaban para felicitarme por mi valentía. A mi siempre me resultó extraño. Me hablaban del paso enorme que había dado, que muchos querían ser tan valiente como yo. Y digo que siempre me resultó extraño porque nunca me sentí valiente. Sólo fui una mujer con un deseo enorme que le nació del alma. Hasta el día de hoy tengo miedo de todo pero, a medida que pasa el tiempo, una aprende a priorizar los temores.

En cada uno de las dudas de Nina me vi reflejada. En las cientas de preguntas que le hacían me vi interrogada. En muchos de sus miedos me vi interpelada.

¿Cómo vas a hacer para mantenerlo? ¿Qué vas a hacer cuando el bebé llore? ¿Cómo vas a manejarte cuando no duerma? ¿Y cuando se enferme? Igualmente ninguna de estas preguntas se compara con la rabia que da escuchar que te digan: “¿Estás segura? Vos no sabés lo que es tener un hijo”. Sí, eso también te lo dicen.

Ser madre soltera es saber que millones de veces vas a escuchar “¿Cuando te pregunte por el padre qué le vas a decir?” Y que un poco te juzguen por privarle a tu hija de una familia. Como si dos personas no bastaran para serlo.

Desde que S. nació para mi ella es mi familia. No seremos muchos pero nosotras dos somos un mundo y el más lindo de todos.

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Hace un tiempo, la genia de mi amiga Inés me regaló esta ilustración y NADA resume mujer mi vida que esta imágen.